Estados Unidos y la anomalía de la pena de muerte

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Duración lectura: 2m. 22s.

Dentro del “santoral laico”, el 10 de octubre es el día europeo contra la pena de muerte. En el fondo, se trata de presionar a los Estados Unidos, que mantiene en este punto un registro anómalo, para algunos ligado a ecos inconfensables de segregación racial.

Algo de esto señala el reportaje de “Le Monde” (10-10-2008). Estados Unidos es el quinto país del mundo en ejecuciones, muy por detrás de China, Irán, Corea del Norte y Yemen. Pero lo cierto es que, desde su reintroducción en 1976, como consecuencia de una decisión del Tribunal Supremo, ha habido un total de 1.254 ejecuciones, la mayoría de hombres negros. La pena de muerte se aplica en 34 de los 50 estados

¿Cómo subsiste la pena de muerte en una democracia moderna? Para intentar responder a esta pregunta, Arnaud Gaillard, sociólogo, estudió ocho estados de los EEUU, donde la pena de muerte está en vigor. Acaba de publicar un libro de testimonios y análisis, “999” (Max Milo, 2011). El título corresponde a los dígitos del número de registro en el corredor de la muerte en varios estados, incluyendo Texas. Sería el símbolo de la inhumanidad de la pena capital.

En la entrevista, Gaillard explica las razones de la pervivencia de la pena de muerte en los Estados Unidos, inseparable de su propia historia, que incluye la tensión entre los criterios federales y los de cada Estado. Hoy por hoy, posicionarse contra la pena de muerte sigue siendo un suicidio político, incluso en el campo demócrata. Y no deja de ser significativo que California, liberal en tantos aspectos, tenga 700 reclusos en el corredor de la muerte.

En el conjunto del país, los sondeos de opinión muestran un descenso en el apoyo a la pena de muerte: 65% en 2006, frente al 80% en 1994). Pero los partidarios representan algo más de la mitad de los demócratas, dos tercios de los independientes y el 80% de los republicanos.

Por otra parte, los afroamericanos son el 12% de la población de los EE.UU, pero el 44% de los reclusos en el corredor de la muerte. Los blancos, 72% de la población, son sólo el 42% de los condenados a muerte. Además, un negro que mató a un blanco tiene más probabilidades de ser ejecutado que un blanco que mató a un negro. A nivel nacional, la mayoría de las víctimas no son blancos. Sin embargo, el 80% de las condenas a muerte se dictó contra homicidas de estadounidenses blancos.

Varias señales indican que el país camina hacia la abolición, pero es probable que lleve mucho tiempo. Las ejecuciones se reducen de año en año. Y una pena que es menos visible es una pena que desaparece, como decía Michel Foucault.