Emprendedores con ánimo de cambio social

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Nadie duda que el sector no lucrativo contribuye al bienestar de la sociedad. Pero su desarrollo no es una mera cuestión de filantropía. Hacen falta emprendedores sociales con ideas innovadoras. David Bornstein explica en un reciente libro la historia de algunos de estos emprendedores y presta especial atención a Ashoka, una entidad que desde 1980 les apoya y que se acaba de establecer en España.

David Bornstein es un periodista especializado en temas sociales, colaborador del New York Times y del Atlantic Monthly. Tras escribir su primer libro sobre el Grameen Bank, a mediados de los noventa, un amigo le sugirió que debía conocer a Ashoka y a su fundador, Bill Drayton. La figura de Muhammad Yunus y su idea del microcrédito, hoy extendida por todo el planeta, ponía en evidencia, según Bornstein, la necesidad de apoyar precisamente a esas personas con ideas innovadoras, energía y determinación que son capaces de cambiar las cosas. Estos son, en definitiva, los emprendedores sociales. Durante varios años Bornstein reunió información sobre ellos con el resultado del libro How to Change the World. Social Entrepreneurs and the Power of New Ideas (1).

Bornstein cuenta en él la historia de concretos emprendedores sociales de Asia, Europa y América, de su visión y cómo la están llevando a cabo con la ayuda de Ashoka. El texto comienza explicando el reciente boom del tercer sector, con profusión de entidades e iniciativas, con creación incluso de empleo y riqueza. Tanto en los países en vías de desarrollo como en los países del Este de Europa o en las economías desarrolladas, el tercer sector es activo y está cambiando las cosas. (Ver servicio 179/98: El tercer sector, una fuerza en auge).

Pero, más allá de las cifras, están las personas que llevan a cabo las iniciativas. El libro de Bornstein no es tanto un libro más sobre ONG y estructuras organizativas como sobre otro concepto en parte nuevo, afín, pero no intercambiable: los emprendedores sociales.

La figura del emprendedor social

Al igual que el mundo empresarial necesita de emprendedores para progresar y ofrecer mejores productos y servicios, los emprendedores son necesarios, también, en el ámbito social. Esta es la primera idea, quizás sorprendente para muchos oídos, de Bill Drayton, quien acuñó el término emprendedor social.

El tercer sector no es simplemente un ámbito “residual” que trabaja donde el Estado no puede o las empresas no quieren. Es el ámbito donde están los gérmenes de muchos cambios positivos, como la historia demuestra. Pero, para dar de sí todo su potencial, el tercer sector debe acelerar su ritmo y, para eso, entre otras cosas, necesita de emprendedores.

La figura del emprendedor social es ciertamente similar a la del emprendedor en el ámbito de los negocios, es decir, del buen empresario, no el simple negociante: una persona con visión y con determinación para llevarla a cabo. La diferencia básica es que se supone que al emprendedor empresarial le mueve el afán de lucro, mientras al social le mueve un deseo de cambio social.

Una explicación histórica

La explicación de Drayton sobre la necesidad de estructurar el tercer sector es la siguiente (2). Desde el Imperio Romano hasta 1700 no hubo apenas crecimiento en Occidente. En el siglo XVIII la renta por habitante creció un 20%; en el siglo siguiente cerca de un 200%. ¿Qué es lo que ocurrió? Las empresas se hicieron competitivas y emprendedoras generando un crecimiento anual compuesto del 2% al 3%.

Tristemente, el sector no lucrativo no participó en este crecimiento en productividad, ya que era fácil construir colegios o canales a través de los impuestos que gravaban las nuevas fortunas generadas por las empresas. El sector social así no tenía necesidad de avanzar más allá de su estructura monopolística y burocrática. De ahí procede el abismo que se abría entre la parte empresarial y la del sector no lucrativo, con el resultado de que este último se fue quedando cada vez más atrás en productividad, salarios, reputación y ánimo.

En el siglo XIX esta distancia se hizo intolerable. Como reacción, surgieron emprendedores sociales tales como Florence Nightingale, la británica que creó lo que hoy conocemos como ATS y antes enfermeras. Estas tempranas semillas crecieron y se multiplicaron a través del siglo XX, hasta que el sector alcanzó su punto de ebullición en los últimos 25 años.

La idea de Nightingale, que hoy nos parece obvia, tuvo que superar numerosos obstáculos. Hacer entender en tiempos de la Guerra de Crimea que unas mujeres podían desempeñar una profesión respetable como enfermeras en los hospitales e introducir cambios en las condiciones de éstos (sol, aire, agua, cocinas limpias, etc.) fue difícil. Los cambios se realizaron primero a pequeña escala para luego incorporarse a la legislación y a la organización sanitaria de Gran Bretaña y, posteriormente, de otros países, con el resultado de una mejora impresionante en los hospitales y en las tasas de supervivencia.

La idea de Drayton es estructurar el sector social a semejanza del sector de los negocios haciendo que las organizaciones no lucrativas compitan para ofrecer mejores servicios. Drayton cree que la competencia en el sector social generará incrementos de productividad similares a los experimentados en el sector empresarial en el pasado.

Las personas hacen los cambios

La segunda idea interesante de Drayton, aunque quizás es la primera y más básica, es que hay que apoyar a personas con ideas innovadoras y determinación en el ámbito social (acción social, salud, educación, formación, medio ambiente, etc.) y ofrecerles el trampolín financiero para saltar a la acción en el momento inicial.

Drayton, de forma muy similar a lo que explica Muhammad Yunus en su libro Hacia un mundo sin pobreza (ver servicio 175/98), sabe que son determinadas personas (aunque luego se trabaje en equipos) las que son capaces de liderar los cambios si tienen esa fibra de emprendedores. De hecho, según él admite, y en sentido amplio, toda persona puede promover un cambio en su ámbito. Sin embargo, en sentido estricto, por cada diez millones de personas solo surge un emprendedor social al año con una idea realmente innovadora y el impacto social que pretende Ashoka.

Hay emprendedores sociales en todas las geografías, trabajando en sectores tan variados como desarrollo rural, servicios de salud, derechos humanos, conservación del medio ambiente, etc. El caso de Tomász Sadowski en Polonia es significativo. A principios de los noventa el gobierno polaco dejó de subvencionar a las granjas colectivas y miles de personas se encontraron sin casa de repente. Sadowski y su mujer, ambos psicólogos, compraron una antigua escuela y se trasladaron con su hija y veinte personas que hasta entonces habían estado viviendo en los bosques, en centros de acogida o, incluso, en la cárcel. Juntos renovaron la casa y construyeron una granja. La idea de Sadowski era rehabilitar granjas abandonadas para dar un hogar y trabajo a través de cooperativas rentables y autosuficientes.

Actualmente cerca de 15.000 personas han rehabilitado granjas en 12 regiones de Polonia y la iniciativa se está extendiendo a las zonas rurales de Bielorrusia, República Checa, Estonia y otros países del antiguo bloque soviético.

Ashoka, un apoyo a los emprendedores

Ashoka fue fundada por William Drayton en 1980. La misión actual de la entidad es apoyar la labor de los emprendedores sociales como medio para crear un sector social competitivo y eficaz. La organización trabaja seleccionando los emprendedores sociales con las ideas más innovadoras en cualquier campo de acción (educación, medio ambiente, salud, derechos humanos, participación ciudadana o desarrollo económico).

Ashoka les apoya durante tres años con un sueldo mensual para que puedan dedicarse a tiempo completo a desarrollar su idea sin agobios financieros y sin dispersarse en otras actividades. Trascurridos los tres años, Ashoka deja de dar apoyo económico, pero su ayuda, no sólo financiera, es fundamental.

Y es que los nuevos miembros (fellows en inglés) forman parte de una red internacional que facilita la colaboración e intercambio entre ellos. Esta red proporciona importantes oportunidades para mejorar las ideas y asegurar la sostenibilidad y permanencia de los proyectos. Porque, en definitiva, Ashoka es, sobre todo, una organización que crea, gestiona y acrecienta el conocimiento en el sector social potenciando los contactos, alianzas y aprendizaje mutuo entre sus miembros.

Ahí radica su éxito, en su faceta de gestión del conocimiento en el sector social y en su consiguiente apoyo a la innovación, un aspecto fundamental para el desarrollo del tercer sector.

De dónde sale el dinero

Ashoka se financia a través de donaciones privadas, nunca gubernamentales, que proceden tanto de empresas como de particulares o fundaciones. Los financiadores, en función del país, se comprometen con una determinada donación durante un periodo de tiempo.

Los donantes no intervienen ni en la selección de emprendedores ni en cualquier otra actividad de gestión, simplemente dan dinero. Podría aducirse que este modo de actuar es bastante singular. Sin embargo, el sistema de Ashoka es comprendido por los financiadores que saben que el know-how de Ashoka, su personal y organización son toda una garantía.

Quien ha fundado una empresa o la dirige con éxito entiende muy bien la peculiar filosofía de Ashoka y la figura del emprendedor social: se consideran colegas aun en campos distintos, hablan un idioma similar. Y por eso creen que su donación es una buena inversión, estará bien gestionada y dará sus frutos sociales.

El impacto de los emprendedores

En 1997 Ashoka diseñó un estudio para calibrar el impacto de los emprendedores. Del análisis de 2001, relativo a los emprendedores seleccionados por Ashoka en 1995, se deducen los siguientes resultados: el 64% han conseguido influir en políticas nacionales; el 87% de las ideas de los emprendedores han sido replicadas por otras instituciones; el 90% de los emprendedores de Ashoka siguen trabajando en sus proyectos; el 85% han recibido algún reconocimiento nacional o internacional por su trabajo; el 74% sostienen que el apoyo de Ashoka fue determinante en el éxito de sus proyectos.

Tras estas cifras están los casos reales de los emprendedores como Rodrigo Baggio en Brasil. Millones de los habitantes de las favelas brasileñas quedaban fuera de la revolución digital. La falta de recursos, oportunidades e incentivos para estudiar hace que miles de jóvenes caigan en problemas de narcotráfico y delincuencia. Baggio ha luchado contra la brecha digital enseñando informática a más de 220.000 jóvenes. Su organización, Comité para la Democratización de la Informática (CDI), ha establecido 550 escuelas en Brasil, Japón, Angola, Sudáfrica, Guatemala, México, Colombia, Honduras, Uruguay y Chile. Y ha conseguido alianzas estratégicas para llevar a cabo su proyecto entre otros con AOL, Microsoft, Starmedia, el Banco Interamericano de Desarrollo, Unicef y Unesco.

Tres filtros

Ashoka selecciona a sus emprendedores sociales a través de un riguroso proceso. Este proceso permite identificar a aquellos emprendedores excepcionales que pueden cambiar patrones sociales a nivel regional dentro de su campo de acción.

El sistema se basa en una red de personas conocedoras del sector social, que identifican y presentan los posibles candidatos. Son los llamados nominadores, profesionales o voluntarios del tercer sector, empresarios, académicos, periodistas y, en general, cualquier persona que sepa de una iniciativa digna de ser tomada en consideración por Ashoka.

A continuación se realiza una entrevista personal y una verificación de referencias por parte del representante local de Ashoka. Luego se procede a una segunda entrevista por un miembro del equipo internacional de Ashoka. Tras ella se realiza aún una tercera ronda de entrevistas con un comité de selección formado por expertos locales. Por último, la Junta Internacional de Ashoka procede a la aprobación final.

Criterios de selección

Los candidatos deben cumplir los siguientes criterios. Primero, deben tener una idea innovadora. Segundo, deben mostrar creatividad, tanto en su visión como en su definición de metas y resolución de problemas. En tercer lugar, deben estar comprometidos con la idea y decididos a llevarla a cabo.

Una advertencia importante a este respecto, especialmente en un país como España, es que hay que distinguir la creatividad del artista de la del buen directivo y la propia del emprendedor nato. La creatividad del primero se muestra en la expresión, la del segundo es un proceso más complejo que implica no sólo el iniciar algo y ponerlo en marcha, sino también la creatividad durante todo el proceso. El emprendedor no ceja en su proyecto y pretende producir un cambio a una escala mayor, hasta cambiar la sociedad.

Un artista expresaría lo que una organización podría ser, un directivo sería capaz de dirigir la iniciativa un determinado tiempo, pero sólo un emprendedor no pararía hasta que su idea traspasara fronteras. En definitiva, tener una idea innovadora en el ámbito social o incluso ser capaz de dirigirla no significa ser un emprendedor social.

El cuarto criterio hace referencia al impacto social, al potencial de la idea así como del candidato. Un ejemplo de esto es el Certificado de Comercio Justo de Paul Rice (TransFair) en Estados Unidos. Rice está logrando que millones de agricultores en todo el mundo ganen un salario digno y consigan estabilidad económica a través de dicho certificado y de importantes alianzas con empresas como Starbucks o Safeway y con grupos de defensa del consumidor. Ha generado una demanda importante de productos comercialmente justos y orgánicos que está demostrando la viabilidad comercial de su modelo.

Por último, la fibra ética: el candidato debe ser integro e inspirar confianza. Y esto no sólo porque Ashoka financie al miembro, sino porque su ejemplo, conducta e iniciativa deben ser intachables si pretenden generar un cambio social.

Ashoka está hoy presente en 48 países, apoyando a más de 1.400 emprendedores sociales. Cada año se seleccionan unos 150 emprendedores como asociados de la red mundial. La organización cuenta con más de 130 empleados en 27 países. Su presupuesto anual ha crecido de 50.000 dólares en 1980 a 13 millones de dólares el año pasado.

En España comenzó a operar el pasado año y están a la búsqueda tanto de empresarios, empresas e individuos financiadores como de los mejores emprendedores sociales del país.

Aurora Pimentel es profesora de Imagen Corporativa en la Universidad San Pablo CEU (Madrid)

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Ashoka España:
Joaquín Costa 15, portal 2, planta 3
28002 Madrid
Tel.  91 448 99 62

(1) David Bornstein. How to Change the World. Social Entrepreneurs and the Power of New Ideas. Oxford University Press. Nueva York (2004). 336 págs. 28 $.

(2) La siguiente explicación está tomada del texto “The Citizen Sector: Becoming as Entrepreneurial and Competitive as Busines”, en California Management Review, Primavera 2002, vol. 44, n. 3.

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