El lento despegue de los jóvenes europeos

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Se prolongan los estudios y se retrasan el empleo y el matrimonio
Más y mejor formados, tienen sin embargo más dificultades que la generación de sus padres para encontrar trabajo. Tranquilos a la hora de independizarse, tardan en abandonar la casa paterna y retrasan el momento de casarse. Con una esperanza de vida más larga, están expuestos, sin embargo, a riesgos peculiares, a causa de suicidios y accidentes de tráfico. Más sensibles hacia los grandes valores, se declaran dispuestos a dar la cara por el Tercer Mundo, los derechos del hombre y el medio ambiente. Estas son, en pocas líneas, las conclusiones del informe realizado por Eurostat sobre los jóvenes de la Unión Europea.

La Europa de los Quince cuenta hoy en día con más de 80 millones de jóvenes de 15 a 29 años (22% de la población). Sobre ellos ha realizado Eurostat un interesante informe (1).

Una tendencia se desmarca entre todas: el número de jóvenes está decreciendo en los países de la Unión, debido a la disminución de la natalidad que se viene produciendo desde los años 60 y al aumento de la esperanza de vida. Incluso podemos prever que en el 2015 la población europea de 55 a 64 años superará a la de 15 a 24.

Se advierte también que es menos clara la noción de juventud. No se trata de los años comprendidos entre un intervalo rígido de edades sino, más bien, el tiempo transitorio entre la infancia y la madurez, caracterizado, en líneas generales, por el abandono de la casa paterna, el fin de los estudios, el comienzo de la vida profesional y la constitución de la propia pareja. Desglosamos a continuación el contenido del informe.

Más y mejor formados

Hoy en día, haber cumplido los 20 y seguir estudiando es algo bastante normal en la Europa de los Quince. El mercado laboral exige hoy trabajadores cada vez más cualificados; por otra parte, las dificultades que encuentran los jóvenes en la búsqueda del primer empleo llevan a que prolonguen sus estudios. El resultado: el tiempo dedicado a la formación en Europa se ha multiplicado. Si en 1987, de 100 jóvenes europeos de 15 a 24 años, 44 pertenecían la población activa, 7 eran inactivos y 49 se estaban formando, ocho años más tarde las cifras se han convertido, respectivamente, en 36, 6 y 58. En consecuencia, su nivel de estudios es más elevado: en 1995 el 69% de los jóvenes europeos de 25 a 29 años tenía un diploma de enseñanza superior, mientras que sólo el 43% de las personas de 55 a 59 años estaban en ese caso. Esta progresión es más clara incluso en los países del sur.

El fomento de la formación por parte de la UE ha hecho que los jóvenes europeos desarrollen una serie de características comunes. Por ejemplo, al alargarse el tiempo de formación, lo normal es que la gente siga estudiando incluso después de haber cumplido los 30, especializándose, variando su trayectoria profesional o incluso haciendo compatible el estudio de una licenciatura con el desempeño de un trabajo profesional. En el conjunto de la Unión, estos estudiantes mayores representan el 16% de los universitarios, y más en países como Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido, que cuentan con sistemas educativos muy abiertos.

Otro dato común digno de ser tenido en cuenta es que el origen social de los padres continúa pesando sobre el recorrido de la formación de los jóvenes. Es orientativo el hecho de que, en el total de la UE, más del 30% de los hijos de ejecutivos estudian en la universidad, mientras que sólo lo hace el 11% de los nacidos en familias donde el padre es un obrero no cualificado.

Las chicas alcanzan a los chicos

Y, como siempre, la mujer se abre camino, a pasos agigantados, en la Europa de los Quince. En lo que a formación se refiere, han alcanzado a los hombres en la mayoría de los Estados miembros y, en algunos casos, incluso los han sobrepasado. Mientras en 1987 cursaban algún tipo de estudios el 50% de los chicos de 15-24 años, frente al 48% de las chicas de las mismas edades, en 1995 unos y otras alcanzaban ya el 58%.

En la enseñanza superior es donde la progresión es más alta: por cada 100 chicos estudiantes hay de 80 a 99 chicas. Luego, cada país ha seguido su propia evolución. Por ejemplo, mientras el despegue del sexo femenino ha sido especialmente pronunciado en los países del sur como España y Portugal, Alemania apenas si ha experimentado cambios, probablemente porque el porcentaje de mujeres estudiantes era alto desde hace tiempo.

Eso sí, la tradicional diferencia existente entre carreras femeninas y masculinas se mantiene en todo su esplendor. Ellas siguen decantándose por las Letras y la Medicina, y ellos no abandonan su liderazgo en las Ciencias, las Matemáticas y la Informática.

Lo más difícil: encontrar trabajo

Eurostat muestra que la entrada de los jóvenes en el mercado laboral es, en general, más tardía. Mientras en 1987 la mitad de los jóvenes europeos de 18 años trabajaban, al menos a tiempo parcial, ahora hay que esperar a los 20 para poder decir lo mismo. Junto a esto, la incorporación al mercado laboral se ha convertido en un proceso paulatino, en el que es frecuente que los periodos de estudio, paro y empleo se alternen.

De todos modos, no se puede medir a todos los países con el mismo rasero. En Francia y Bélgica, por ejemplo, los jóvenes no suelen compaginar estudio y trabajo (más del 80% se dedica sólo a estudiar). En Dinamarca, sin embargo, cerca del 60% conjuga formación y empleo. Y en el Reino Unido es más corriente que los jóvenes de 18 años se dediquen sólo a trabajar. En cualquier caso, como tendencia general, debido a las dificultades para encontrar empleo y al aumento de las ofertas de cursos de formación, trabajar media jornada y seguir formándose es algo cada vez más frecuente entre los jóvenes de la UE.

Pero una de las características más paradójicas de los jóvenes europeos es que, estando mejor formados que sus mayores, tienen más dificultades para encontrar empleo y, además, cobran menos. La tasa de paro de jóvenes menores de 25 años ha pasado en la Unión de un 16,3% en 1991 a un 21,5% en 1995. Pero, aunque hoy en día Europa cuente con 5 millones de parados menores de 25 años, no están igualmente repartidos. En Austria, por ejemplo, la tasa es del 5,6%; en Alemania, del 8,8%; en Finlandia, del 38,2%, y en España, del 42,5%. Los únicos países donde el paro juvenil no ha aumentado en los últimos años (1991-95) son Dinamarca e Irlanda.

Para las mujeres la tasa es aún más alta. Por ejemplo, en España el paro afecta al 50% de las chicas y sólo al 36% de los chicos, y los salarios de ellas siguen siendo un 10% más bajos que los de ellos. En definitiva, buscar el primer empleo en Europa, para un joven menor de 25 años, significa, casi siempre, pasar un tiempo por el paro, aunque, por regla general, esta situación no se alargue por mucho tiempo.

No se van de casa

Y entramos de lleno en las formas de vida de los jóvenes europeos. En las décadas de 1960 a 1980, el número de jóvenes que abandonaron la casa paterna para independizarse fue grande, especialmente en los países del norte europeo. Sin embargo, en el último decenio parece que se han puesto de acuerdo para hacer exactamente lo contrario. En términos generales podríamos decir que, en la Europa de los Quince, casi la totalidad (90%) de los jóvenes de 15 a 19 años y el 65% de los de 20 a 24 años viven bajo el techo familiar (ver tabla). A partir de los 25 años, la situación cambia según los países: mientras en el sur europeo e Irlanda casi la mitad no han dejado todavía la casa paterna (cuando lo hacen es para casarse), en el norte -Alemania o Finlandia- la proporción de no independizados es mínima, aunque sólo el 10% de ellos viven solos.

¿Por qué se resisten a abandonar el nido? Dos factores entran en juego: la prolongación de los estudios universitarios y el paro, que impide a muchos contar con los recursos económicos necesarios. Además, un convencionalismo social puede estar tomando cartas en el asunto: no irse de casa está cada vez mejor visto por jóvenes y adultos, especialmente si se pregunta a las madres. En España se sigue considerando como algo negativo, mientras los griegos lo ven como una opción maravillosa que consolida la unidad familiar.

Sin embargo, permanecer en la casa paterna no siempre significa vivir como un rey: el 14% de los jóvenes europeos comparten con alguno de sus padres la situación de paro. Y la situación continúa también cuando deciden formar su propio hogar. Entonces la gran mayoría alquila un piso porque los medios económicos no dan para más, y cuando lo compran, es con la ayuda económica de los familiares más cercanos. De lo que no se privan es del coche -el 78% de las parejas de jóvenes lo tienen- y del vídeo y la televisión, poseídos por el 69%.

Por otro lado, también hay que señalar que, en la casa paterna, no todos los jóvenes europeos viven en el seno de una familia en el sentido clásico del término. En 1995, más del 20% de los británicos y de los finlandeses de 15 a 24 años tenían una familia monoparental. Eso sí, en casi todos los países conviven, además, con otros hermanos, salvo en Finlandia y en Alemania, donde un 30% son hijos únicos o ya viven por su cuenta. En España y en Irlanda, por el contrario, hay mayores proporciones de familias numerosas, aunque el descenso de la tasa de natalidad de los últimos años haya causado verdaderos estragos.

Antes de los 25, ni hablar de casarse

Entre 1970 y 1995 la tasa bruta de nupcialidad (número de bodas por mil habitantes en un año determinado) ha pasado del 7,7% al 5,1% en el conjunto de la UE, y los que se casan, lo hacen más tarde. Los hombres, que antes se decidían a los 26 años, ahora esperan a los 29, y las mujeres han pasado de los 23 a los 26. También es más fácil encontrar parejas casadas en Italia, España e Irlanda, porque en Francia y en Dinamarca lo que impera es la cohabitación, una alternativa al matrimonio que cada vez está más difundida (ver gráfico). Como colofón: las uniones legales y los divorcios han aumentado.

Además de menos bodas, hay también menos hijos. Las causas son claras: el control de la natalidad, los proyectos profesionales de las mujeres y las dificultades económicas. Todo esto ha hecho que el número de hijos por mujer en la UE haya pasado, en 25 años, de 2,38 a 1,43. España e Italia han registrado una bajada de la fecundidad especialmente alarmante y son, junto a Alemania, los países con las tasas de natalidad más bajas del mundo. Por el contrario, en Dinamarca, Finlandia y Luxemburgo la natalidad va remontado.

A esto se une que las mujeres tienen su primer hijo más tarde. La edad media, que en 1970 estaba en los 24 años, alcanza hoy los 26. Sólo el 1% de las mujeres europeas son madres antes de los 20 años, y el control de la natalidad es especialmente intenso entre los 20 y los 24 años. Además, aumenta el número de los nacimientos extramatrimoniales, especialmente en los países escandinavos y en Francia, donde abundan las parejas de hecho.

Vivir peligrosamente

Con las estadísticas en la mano, hoy más que nunca, los jóvenes europeos pueden decir que tienen “toda una vida por delante”. A los 20 años, las mujeres saben que todavía podrán vivir otros 60 años más, y los hombres, 54.

Sin embargo, frente al optimismo de estos datos, la tasa de mortalidad juvenil ha aumentado en los últimos tiempos entre los jóvenes de 15 a 24 años. En valores absolutos, 35.000 jóvenes de estas edades mueren cada año en la UE. Tres cuartas partes de ellos son chicos. ¿Por qué? Los accidentes y los suicidios son las primeras causas; les siguen el cáncer, las enfermedades del aparato circulatorio y las del sistema nervioso. En accidentes de coche mueren cuatro o cinco veces más chicos que chicas, quizá porque entre ellos es más corriente conducir motos, donde las imprudencias se pagan muy caras. Ellos también se suicidan más, especialmente en Finlandia, Austria e Irlanda.

En diciembre de 1995 el número de casos de SIDA diagnosticados en la UE era de unos 150.000, de los que 40.000 correspondían a jóvenes de 15 a 29 años. El país con la tasa de incidencia más alta es España, con 22 casos nuevos por 100.000 habitantes de 15 a 29 años en 1995. Con tasas mucho menores le siguen Portugal, Francia, Italia y Luxemburgo.

El alcohol se ha convertido en otra de las “prácticas de alto riesgo” de la juventud. Según una encuesta de la OMS, más del 40% de los adolescentes de 15 años en el Reino Unido, Bélgica, Austria, Francia y Dinamarca afirman beber alcohol al menos una vez por semana, y muchos de ellos dicen haberse emborrachado ya por lo menos dos veces. También aquí ellos llevan la voz cantante: en todos los países, las chicas consumen menos alcohol que los chicos. Pero fuman más: de media, una de cada cuatro chicas de 15 años declara fumar una vez por semana, mientras en los chicos es uno de cada cinco. Sin embargo, de poco sirven estas variaciones: en la práctica está comprobado que beber alcohol y fumar van generalmente de la mano.

Las drogas y los jóvenes son ya viejos conocidos. Pero, ¿por qué consumen droga? Según sus declaraciones, para olvidar sus problemas, imitar a sus amigos y no pensar en las dificultades familiares; pero, principalmente, porque las tienen al alcance de la mano. En general, es durante la movida nocturna, en las fiestas y en los conciertos donde es más fácil tomar droga. La escuela es mencionada como lugar donde se adquiere droga por el 41% de los jóvenes de 15 a 24 años (cerca del 60% en y en el Reino Unido). Prácticamente todo el mundo piensa que la droga es fácil de adquirir si uno la busca, sobre todo en Suecia, los Países Bajos, Dinamarca y Reino Unido.

Lo que más les preocupa

El último tema estudiado por Eurostat se refiere a los centros de interés de los jóvenes, las causas por las que estarían dispuestos a luchar y los que consideran ser los principales problemas de la sociedad. En cuanto a sus centros de interés, los jóvenes de 15 a 24 años dicen estar preocupados, sobre todo, en el medio ambiente, los deportes y los problemas sociales. Las cuestiones sobre política nacional e internacional las dejan en último lugar. Luego, está claro que cada país tiene sus particularidades: los daneses son más sensibles a la política, los españoles al Tercer Mundo, y los irlandeses al medio ambiente.

Y ¿por qué dicen que estarían dispuestos a luchar los jóvenes europeos? Por la paz en el mundo, de nuevo el medio ambiente y los derechos del hombre. También citan la lucha contra el racismo más que los adultos y menos la libertad del individuo. El principal problema al que tienen que hacer frente es el paro, que es citado en primer lugar por el 70%; le siguen la droga y el SIDA.

Por último, ¿qué piensan los jóvenes sobre su pertenencia a la Unión Europea? Hay opiniones para todos los gustos. Noruegos, irlandeses, luxemburgueses e italianos lo consideran bueno; sin embargo, en Alemania, Reino Unido, Austria y, sobre todo, en Suecia, no parecen estar tan contentos.

María Fernández de Córdova_________________________(1) Les jeunes de l’Union Européenne ou les âges de transition, Office des Publications Officielles des Communautés Européennes, Luxemburgo (1997), 111 págs., ECU 17.

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