“El feminismo no ha prestado la debida atención a los niños”

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Duración lectura: 5m. 46s.

Aunque Estados Unidos sea la primera potencia mundial, muchos lamentan las crecientes debilidades de la sociedad americana: descenso de la participación cívica, desconfianza, violencia juvenil, familias rotas, desatención de los niños… Según Jean Bethke Elshtain, profesora de Etica Social y política en la Universidad de Chicago, el modo de recapitalizar la sociedad civil es invertir en la familia. La familia es esencial no sólo para la vida privada sino también para la vida pública, ya que es allí donde aprendemos a confiar y a preocuparnos de los demás.

Jean Bethke Elshtain

Jean Bethke Elshtain, nacida en el norte de Colorado, es una de las cabezas más prestigiosas del pensamiento social actual en EE.UU. En sus libros se ha ocupado de temas relacionados con la situación de la mujer (Public Man, Private Woman; Women and War), con la familia (The Family in Political Thought) y la sociedad democrática (Democracy on Trial). En 1988 se convirtió en la primera mujer que ocupaba una cátedra en la Vanderbilt University. Como madre de cuatro hijos y abuela de varios nietos, Jean Bethke es también miembro del Consejo de las Familias Americanas, así como del Consejo de la Sociedad Civil. Recientemente ha estado en España invitada por el IESE y el Comité del Congreso Internacional Universitario Univ 98 para hablar sobre “La democracia y las instituciones sociales”.

El asociacionismo, a la baja

– En Estados Unidos el deterioro de los lazos familiares ha ido acompañado de un descenso en la participación de los ciudadanos en asociaciones cívicas. En definitiva, parece que la sociedad se ha vuelto más individualista. ¿Cree usted que existe alguna relación entre estos dos fenómenos?

– Por supuesto. En EE.UU. el índice de divorcios es hoy uno de los más altos del mundo occidental. Al mismo tiempo vemos cómo muchas asociaciones cívicas se están desintegrando: hay millones de personas menos participando en la vida social que en las últimas dos décadas. ¿Cómo están relacionados estos dos hechos? La experiencia demuestra que la estabilidad en la familia es el pasaporte para que las personas participen en otras actividades como, por ejemplo, partidos políticos, consejos escolares, etc. Sin embargo, cuando la vida privada de una persona está desbordada de problemas, es imposible que centre su atención en algo distinto de sí misma.

Otro factor que está influyendo en este proceso es el aumento del número de horas que la mujer americana dedica a su trabajo profesional. Antes las mujeres invertían mucho más tiempo en colaborar con organizaciones voluntarias de todo tipo; ahora, apenas tienen fuerzas para llegar al final del día. Por eso, pienso que tenemos que ayudar a las mujeres si queremos mantener activa la vida social americana. ¿Cómo? Quizá uno de los medios sea cambiar el ritmo trepidante de vida de tantos padres y de tantas madres para que puedan dedicar más tiempo a sus hijos y a sus comunidades. Sé que esto no es fácil en Estados Unidos, donde la presión que existe en los trabajos es inmensa; pero habría que intentarlo.

– Hemos asistido en los últimos años a una defensa denodada de los derechos de la mujer, mientras al mismo tiempo se extendía el aborto, la ruptura de las familias, los malos tratos a los niños… Ante este cuadro social, ¿no se podría afirmar que los grandes perdedores de nuestro siglo están siendo los niños?

– Creo que el movimiento feminista nunca ha prestado a los niños la atención que se merecen. Para sus activistas, los problemas de la infancia no tienen tanta importancia como los de la mujer, y ya estamos viendo las consecuencias: los niños procedentes de hogares rotos, de madres solteras, etc. sufren muchos más problemas relacionados con las drogas, el alcoholismo, la violencia, el fracaso escolar, los suicidios de adolescentes, las depresiones… Una de las cosas más tristes que están sucediendo en Norteamérica hoy en día es que, cada vez hay más niños a los que falta el amor, el cuidado y la atención de sus padres, aunque en lo material no les falte nada. A simple vista lo tienen todo: viven en una casa maravillosa, van al mejor colegio, tienen todos los juguetes que desean…. pero se pasan horas solos frente al televisor porque sus padres están demasiado preocupados en sacar adelante sus carreras profesionales y no tienen tiempo para ellos. Todo esto perjudica a EE.UU. y creo que estamos pagando un precio muy alto por ello.

Los hijos que proceden de familias rotas o de hogares donde los padres no les hacen caso, son jóvenes que tienen mucho miedo a las relaciones, que desconfían de la gente porque piensan que en la sociedad cada uno va a lo suyo, sin importarle lo de los demás. Esta visión de la vida repercute también en la vida pública. De hecho, cada vez hay menos jóvenes que quieren intervenir en asuntos políticos o sociales porque creen que les van a decepcionar. Es una actitud lógica, porque es en el seno de la familia donde el niño aprende a confiar o a desconfiar de las personas y de las cosas.

– ¿Puede hacer algo el gobierno para solucionar estos problemas?

– Sí. Por ejemplo, en Estados Unidos los matrimonios pagan más impuestos que las personas solteras. Un cambio en el sistema fiscal permitiría que las mujeres no se vieran obligadas a trabajar a jornada completa cuando sus hijos son pequeños. Sin embargo, ahora no tienen elección. El gobierno también podría mejorar la cobertura del sistema sanitario público para que las familias no tengan que proteger su salud mediante un sistema de seguros costosos. Podría cuidar más la calidad de la enseñanza pública para que los padres con escasos recursos económicos no tengan que sacar a sus hijos de los colegios públicos porque no hay calidad, obligándoles a trabajar más para poder pagar centros privados. También se podría facilitar la creación de guarderías, etc.

Pero Jean Bethke Elshtain no piensa que el cambio pueda ser rápido. “Tenemos que volver a tejer los vínculos comunitarios. Esto llevará décadas. Los americanos queremos tener éxito inmediatamente. Pero esto no es posible cuando nos enfrentamos a problemas de tanta envergadura social, económica y moral. Hemos de volver al matrimonio y a los hijos pues sabemos que el masivo aflojamiento de los vínculos y compromisos familiares está influyendo en la falta de cohesión de nuestra sociedad civil”.

María Fernández de Córdova

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