No llega la prometida reducción de la deuda a los países pobres

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Duración lectura: 2m. 9s.

Del 6 al 8 de octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) celebran en Washington sus asambleas anuales, en un clima ensombrecido por la persistente crisis asiática, los graves problemas de Rusia y Brasil, y las repetidas caídas de las bolsas. Pero no se debería olvidar que hay otro tema pendiente en la agenda de estas instituciones: la deuda que atenaza a los países más pobres. En sus reuniones de 1996, el BM y el FMI anunciaron un plan para aliviar el peso de ese fardo a los países con “deuda insoportable” (ver servicio 136/96). Dos años después, todo sigue prácticamente como antes.

El objetivo del plan era la condonación de hasta el 80% de la deuda, con un coste de 5.000 millones de dólares sufragado por los países ricos, el FMI y el BM. A cambio, los beneficiarios debían implantar programas de reformas económicas antes de 1999.

Unos cuarenta países, la gran mayoría africanos, cumplen las condiciones de pobreza y endeudamiento suficientes para acceder al plan. De ellos, se han revisado los casos de diez, y se ha prometido ayuda a sólo seis (Bolivia, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guyana, Mozambique y Uganda). El único al que hasta ahora se ha perdonado parte de la deuda es Uganda.

Entre tanto, el FMI y el BM han suavizado las condiciones que exigen a los países pobres. Han acortado el tiempo de espera para que un país pueda beneficiarse de una reducción y han ampliado la definición de “deuda insoportable”. El mes pasado, el BM decidió retrasar hasta el año 2000 la fecha límite para emprender reformas económicas, a fin de que puedan entrar en el plan países afectados por guerras, como Angola, Congo o Sudán. Pero el BM también ha revisado los cálculos del coste de la operación, que ahora estima en unos 8.200 millones de dólares.

El problema, comenta la revista The Economist (12-IX-98), es que la mitad de la deuda se debe directamente a los Estados ricos, que tendrían que cargar con la mayor parte (4.000 millones de dólares) del coste de la reducción. Ellos habrían de pagar además una buena porción de los 1.800 millones de dólares que costaría la operación a los segundos acreedores, las instituciones financieras multilaterales. Así que al BM y al FMI corresponden 2.400 millones de dólares (el 30% del coste)… y convencer a los países ricos para que pongan su parte.

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