Las alternativas al gas ruso

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Duración lectura: 3m. 25s.

La guerra del gas entre Rusia y Ucrania, y su repercusión en otros países, ha puesto de relieve la situación de dependencia energética en que se encuentra hoy la Unión Europea. Lejos de disminuir, esta dependencia aumentará en el futuro a menos que Europa desarrolle una nueva estrategia de seguridad energética. En un artículo (1) publicado en el boletín de la Fundación Ciudadanía y Valores (9-01-2009), Mercedes Canseco, técnico de la Comisión Nacional de Energía, explica los caminos por los que Europa está buscando reducir esa dependencia.

Con el corte del suministro de gas a Ucrania, Rusia ha demostrado que “tiene en sus manos la hegemonía del sector, tanto por ser uno de los principales propietarios de las materias primas, como por manejar a su conveniencia los conductos necesarios para abastecer a todo el resto del continente europeo”, dice Canseco.

Mientras que “los países de la Unión Europea son altamente dependientes de los combustibles y materia prima proveniente del exterior”, Rusia se consolida como el principal proveedor de energía a los países europeos. Hoy por hoy, el 42% del gas y el 33% del petróleo que hay en Europa vienen de Rusia.

“Se estima que este porcentaje se incrementará sustancialmente en el futuro”. En concreto, se estima que hacia el año 2013 Europa necesitará unos 100.000 millones de metros cúbicos adicionales, y probablemente la demanda seguirá aumentando hasta 2030 por lo menos.

Canseco también advierte sobre “la falta de conductos directos de otros países que no sea el ruso, hacia Europa, lo que implica una mayor dependencia no sólo material sino también estratégica”. Esto ha provocado que la Unión Europea se plantee una estrategia de seguridad energética.

Como primera medida, la Unión Europea ha elaborado un plan de acción con el que pretende mejorar las relaciones con Rusia, los países Bálticos y aquellos otros que están desarrollando en la actualidad nuevas vías de tránsito de combustible. Canseco piensa que esto no es suficiente y aboga por “abrir nuevos conductos que sirvan de alternativa a la vía rusa”.

En este sentido, existen varios proyectos de realización de conductos y oleoductos para el transporte del gas que mejorarían la seguridad para la obtención de materias primas del exterior. El caso más cercano a España es el del gaseoducto del proyecto MEDGAZ, proveniente de Argelia, que está llevando a cabo una compañía en cuyo accionariado participan las empresas del sector energético español.

También se ha empezado a construir el gasoducto South Stream, que unirá Rusia y Bulgaria y, a través de diversas ramificaciones, llevaría gas a Italia y Europa Central. Otro gasoducto posible es el Nabucco, que uniría Turquía, Bulgaria, Rumanía, Hungría y Austria.

Una medida que mejorará la seguridad de suministro es la introducción de gas natural, no solo mediante gasoductos sino también vía barcos metaneros. La Unión Europea aconseja que esta forma de suministro y almacenamiento de gas se realice en todos los países miembros bien directamente, bien a través de otros países miembros, mediante acuerdos de solidaridad entre ellos.

Asimismo, en la propia OTAN se realizó un documento especial en relación con la seguridad energética, donde se hacía hincapié en la posibilidad de que la organización interviniera en caso de que peligrara la seguridad energética en los países de la alianza.

Pero el objetivo prioritario a largo plazo, según Canseco, es que los países europeos tengan “los recursos autóctonos necesarios para ser capaces de generar la electricidad que consumimos sin la alta dependencia de combustibles fósiles y gas, provenientes del exterior. En este sentido, la UE invita a los países miembros a reducir su dependencia energética del exterior, promoviendo la eficiencia energética así como el impulso de las energías renovables”.

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(1) Ver artículo original en PDF (428 K).