La reducción de las subvenciones agrícolas, punto clave de la cumbre de Cancún

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Duración lectura: 4m. 9s.

El éxito de la cumbre que celebrará la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún (México) del 10 al 14 de septiembre dependerá en gran parte del acuerdo en un punto que es vital para los países en desarrollo: la reducción del proteccionismo agrícola en Estados Unidos y la Unión Europea, para que los agricultores del Tercer Mundo puedan exportar sus productos a precios rentables.

Las posibilidades de éxito en Cancún han mejorado a raíz de la proposición común formulada el pasado 13 de agosto por EE.UU. y la UE para reformar el comercio agrícola. Es un acuerdo vago, sin cifras, pero después de varios años de enfrentamientos es un buen signo. La proposición aborda los tres temas candentes de la negociación. Sobre la reducción de las subvenciones a los agricultores nacionales se dice que deberán ser “significativamente mayores” que las de la anterior ronda de liberalización. Respecto a las subvenciones a la exportación, el texto no estipula que deberán ser totalmente eliminadas, lo que se interpreta como una concesión a la UE. Sin embargo, prevé suprimirlas para algunos productos de interés particular para los países en desarrollo.

Sobre el tercer aspecto, la reducción de las barreras arancelarias a los productos agrícolas, el documento prevé la eliminación total de algunos derechos de aduana y fórmulas de reducción que pueden adaptarse al carácter específico de ciertas producciones nacionales.

El acuerdo fija un marco común, pero ahora falta poner cifras, para lo cual es necesario también el acuerdo de los demás países. Por ahora, grandes países como Brasil y la India han dicho que la propuesta no va lo bastante lejos.

En la situación actual, los países desarrollados subvencionan ampliamente a sus agricultores, quienes producen más de lo que reclama el mercado. Los excedentes subvencionados de estos agricultores hacen que en el mercado internacional los precios sean artificialmente bajos, con el consiguiente empobrecimiento de los campesinos de los países pobres, menos productivos, que no pueden lograr la rentabilidad suficiente para sus explotaciones. El asunto es vital para los países en desarrollo, donde el 70% de la población vive de la agricultura.

El sector más protegido

La agricultura es el sector que se ha resistido más a las sucesivas rondas de negociaciones para reducir el proteccionismo. Actualmente, según la OMC, los aranceles medios son del 10% para los productos manufacturados, mientras que se mantienen en el 40% en el caso de los productos agrícolas. EE.UU. y la UE dedican 300.000 millones de dólares anuales a subvenciones a la agricultura, lo que equivale a seis veces la ayuda oficial al desarrollo (cfr. servicio 84/02).

La reciente reforma en la UE de la política agrícola común (PAC) puede contribuir a distorsionar menos los precios agrícolas en el mercado internacional. Con la nueva PAC, los subsidios a las explotaciones agrícolas europeas quedan disociados de la producción, de forma que los agricultores no tengan incentivos para producir más de lo que el mercado demanda, evitándose así las “montañas de mantequilla”.

En EE.UU. fue una mala señal la proteccionista ley agraria aprobada en 2002. Con una doble cara, EE.UU. alienta la liberación del comercio mientras otorga créditos a sus exportadores que les permiten vender a precios más bajos o utiliza la ayuda alimentaria como pretexto para deshacerse de excedentes de producción y subvencionar a sus productores.

El International Herald Tribune dedicó este verano varios editoriales a los efectos de los subsidios agrícolas de EE.UU. y la UE en la situación de los países en desarrollo. El diario mostraba, por ejemplo, el sinsentido de que el gobierno americano enviara a un país como Burkina Faso voluntarios del Peace Corps y apoyara programas para la reducción de la deuda, mientras que con sus subsidios a los productores de algodón hundía los precios para los de Burkina Faso: “Todo el bien realizado [por EE.UU.] por voluntarios y millones de dólares en programas de ayuda es aplastado por los estragos que suponen los hinchados subsidios al algodón. Dando generosos cheques a 25.000 productores de algodón americanos (…) Washington estimula una masiva superproducción, que hace bajar los precios mundiales y provoca una cosecha de pobreza para los 2 millones de productores de algodón de Burkina Faso.” (International Herald Tribune, 6-VIII-2003).

Si no se llega a un acuerdo en el capítulo agrícola en Cancún, puede ponerse en peligro toda la reducción de las barreras arancelarias. En Doha, en diciembre de 2001, los países en desarrollo se mostraron dispuestos a emprender un nuevo ciclo de negociaciones multilaterales para reducir aranceles, siempre y cuando EE.UU. y la UE redujeran “sustancialmente” las subvenciones a sus agricultores.