La presión fiscal en la Unión Europea

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En la Unión Europea los impuestos y cotizaciones sociales pagados en 2011 suponían una media del 38,8% del PIB, según el informe publicado por Eurostat que compara la presión fiscal de los 27 países miembros.

La mayor fuente de ingresos fiscales es el impuesto sobre la renta, que representa casi la mitad del total de ingresos del erario público, seguida por los impuestos al consumo, que equivalen a un tercio, y los impuestos sobre los beneficios empresariales que suponen en torno a la quinta parte.

Hay notorias diferencias entre países respecto a la presión fiscal, que oscila desde menos del 30% en Letonia, Lituania, Irlanda, Eslovenia, Rumanía y Bulgaria hasta más del 40% en los países nórdicos, Francia, Italia y Austria. España ocupa el puesto 21 con un 31,4%. Antes de la crisis la presión fiscal en España estaba cerca de la media europea, pero la mala racha de los últimos años la ha situado en este aspecto al nivel de otros países recientemente incorporados al proyecto europeo.

Estas cifras no lo dicen todo, pues habría que valorar la calidad de los servicios públicos que se obtienen a cambio de los impuestos.

Descenso de la recaudación por impuestos al consumo
En cuanto a los impuestos al consumo en España, a pesar de la última subida del IVA, su recaudación –como porcentaje del PIB– es la más baja de la Unión Europea. Es cierto que por el momento en que se recogieron los datos no había dado tiempo a que se sintieran los efectos de la subida al 21% como tipo general, pero también lo es que otros países con un IVA similar al español recaudaban mucho más dinero ya en esos momentos.

Actualmente, Francia, Alemania e Inglaterra tienen un impuesto al consumo más bajo que el español. Por arriba destacan algunos países nórdicos que tradicionalmente han mantenido tipos altos, tales como Dinamarca, Suecia o Finlandia (entre el 23% y el 25%); pero también algunos de los países que más han sufrido la crisis, y que han decidido subir su IVA de manera drástica para moderar su déficit, como Grecia y Portugal. Sin embargo, España, Grecia y Portugal no lograron aumentar lo recaudado, ya que el descenso del consumo fue muy pronunciado.

No obstante, si se compara la recaudación –siempre proporcionada al PIB– dentro de la UE, son mayoría los países donde bajó entre 2000 y 2011. Las bajadas afectan tanto a países con tipos por encima de la media (Finlandia, Dinamarca), como a algunos en la media (Bélgica, Italia) y por debajo (Francia, Letonia).

Impuesto de sociedades: teórico y práctico
España es uno de los países con el impuesto de sociedades más alto, un 30%. Sin embargo, la diferencia entre el tipo teórico y lo que de hecho pagan las empresas por deducciones varias lo deja al 10% y explica que las arcas españolas sean de las que menos recaudan por este concepto.

Esta diferencia entre recaudación teórica y práctica tiene que ver, según los expertos, con un sistema fiscal que permite a demasiadas empresas acogerse a demasiadas deducciones fiscales, haciendo de la excepción la norma.

Para hacer una buena lectura de los informes económicos, y no dejarse llevar por los tipos teóricos o los marginales, los economistas suelen recomendar fijarse en los llamados “tipos impositivos implícitos”, que miden la presión fiscal para los diversos tipos de renta o actividades, por ejemplo, en el consumo, el trabajo y el capital. Se calculan dividiendo la cantidad realmente recaudada por esos impuestos (al consumo, al trabajo, al capital) y la base imponible potencial.

Ciñéndose a estos indicadores, España es el país que menos grava el consumo, de los que menos grava los beneficios de las empresas y está justo en la mitad del ranking en cuanto impuestos al trabajo. La sensación de presión fiscal en este último concepto puede ser mayor debido a que España es uno de los países donde los impuestos directos, y en concreto a la renta personal, constituyen una proporción mayor del total de impuestos recaudados.

No obstante, los colectivos que con mayor razón se podrían quejar de una elevada presión fiscal son los empleadores y los autónomos. Lo que pagan por cotizaciones sociales (respecto al PIB nacional) está claramente por encima de la media: puestos 7 y 9 respectivamente entre los 27. En cambio, la parte de las contribuciones pagada por los empleados es una de las más bajas de Europa.

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