La OCDE critica los subsidios agrícolas de los países ricos

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Las subvenciones a la agricultura del mundo rico suponen un obstáculo a las exportaciones de los países en desarrollo (PED), precisamente en una área en la que podrían ser competitivos. Y los países desarrollados (PD) han hecho muy poco por reducir los efectos distorsionadores de los subsidios en el mercado internacional, según les reprocha la OCDE en su último informe anual “Perspectivas agrícolas”, que por primera vez publica en colaboración con la FAO.

El año pasado, los miembros de la OCDE gastaron 279.000 millones de dólares en subvenciones a sus agricultores, un 8% más que en 2003. La Unión Europea (UE), que tiene una política agrícola común (PAC), es la campeona mundial en términos absolutos, con 133.390 millones de dólares en 2004. Sin embargo, el informe reconoce que algo ha hecho la UE en términos relativos: la parte de los ingresos de los agricultores europeos que provienen de los subsidios ha bajado del 36% al 33%. En el conjunto de la OCDE, la proporción se mantiene estable, en torno al 30%.

Sobre todo, la UE ha reducido las subvenciones que distorsionan los mercados (del 91% del total en 1986-88 al 74% en 2002-04), como las ayudas a la producción y a la exportación. Ahora la UE dedica una parte mayor de la PAC a pagos directos a los agricultores, por ejemplo por conservar el medio ambiente, que no afectan al comercio internacional.

En términos relativos, los países más proteccionistas son algunos que no pertenecen a la UE. El primer puesto es para Islandia, cuyos agricultores reciben por subvenciones el 69% de sus ingresos. Siguen Suiza y Noruega, con el 68% en ambos casos. Pese a tan elevados índices, estos países no causan gran daño a los mercados, porque sus sectores agrícolas son pequeños. Pero no cabe decir lo mismo de los dos siguientes, Corea del Sur (63%) y Japón (56%), blindados contra las exportaciones de otras naciones asiáticas que podrían venderles alimentos más baratos.

En el extremo opuesto de la lista figuran Australia y Nueva Zelanda. La OCDE alaba las políticas agrarias de ambos países, con agricultores competitivos que solo reciben por subvenciones el 4% y el 3% de sus ingresos, respectivamente. Por su parte, EE.UU. ha ido hacia atrás, subiendo del 15% en 2003 al 18% el año pasado. En 2004, este país gastó 46.500 millones de dólares en subvenciones a la agricultura.

Los subsidios agrícolas son uno de los asuntos más conflictivos en los enfrentamientos comerciales entre los PD y los PED. En la reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Doha (diciembre de 2001), hubo un principio de acuerdo. Los PED se mostraron dispuestos a reducir sus aranceles y liberalizar los servicios siempre que la UE, EE.UU. y Japón redujeran “sustancialmente” las subvenciones a la agricultura. Pero desde entonces las negociaciones han estado paralizadas por la falta de respuesta de este bloque. La iniciativa del año pasado, mediante la oferta de la UE a EE.UU. (ver Aceprensa 69/04), no ha avanzado desde entonces.

Mientras tanto, por parte de los PED se han elevado quejas a la OMC contra prácticas de los PD que no respetan las reglas de juego actuales. Un caso es la denuncia de Brasil por las subvenciones de EE.UU. a sus productores de algodón. La OMC sentenció a favor de Brasil y obligó a Estados Unidos a suprimir 3.000 millones de dólares en ayudas.

Otro ejemplo señalado de las distorsiones que causan los subsidios es el del sector azucarero en Europa. La UE paga a los agricultores 632 euros por tonelada, casi tres veces el precio internacional. La consiguiente superproducción crea excedentes que se exportan con nuevas ayudas y se protegen con aranceles a las importaciones. De modo que la UE ostenta el inverosímil título de potencia exportadora de azúcar, con ventas superiores a 3 millones de toneladas anuales, el 10% del total mundial. Esta situación llevó a Brasil a presentar una denuncia ante la OMC, que ha sentenciado a su favor a finales de junio pasado. La Comisión Europea ha respondido con un plan para reformar el régimen del azúcar. La propuesta consiste en reducir en un 39% desde ahora hasta 2009 el precio que la PAC asegura a los agricultores y compensar a los elaboradores de azúcar con 730 euros (el primer año, cada vez menos los siguientes) por cada tonelada que dejen de producir. La propuesta ya cuenta con la oposición del sector, y por eso no tiene asegurada la aprobación de los gobiernos de la UE. Pero según cálculos del Banco Mundial, si se eliminaran los subsidios al azúcar, se crearían casi un millón de puestos de trabajo en los PED y a los ciudadanos de la UE les saldría un 40% más barato endulzar el café.

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