La malnutrición disminuye ligeramente en Latinoamérica

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El 11% de los latinoamericanos no disponen de una dieta suficiente. Este dato, correspondiente al periodo 1996-98, es un poco mejor que el de 1979-81 (13%). Pero en varios países, algunos sectores de población -rural, sobre todo- se hicieron más vulnerables. Así dice un estudio sobre la agricultura de la región publicado el 11 de abril por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de la ONU.

A efectos de estas mediciones, se considera malnutrida a la persona adulta que ingiere, por término medio, menos de 2.400 kilocalorías diarias, aunque se tienen en cuenta también otros factores, como el índice de masa corporal o -en los niños- el retraso del crecimiento. En Latinoamérica, según la CEPAL, la malnutrición ha disminuido en once países (entre ellos, Bolivia, Brasil, Honduras, El Salvador, Perú), sigue igual que antes en otros cuatro (Jamaica, México, Paraguay y Uruguay), y ha ido a peor en los ocho restantes (Guatemala, Guyana, Nicaragua, República Dominicana…). Los menores índices corresponden a Chile -que es uno de los países que ha reducido el suyo- y Uruguay: el 4% en ambos casos. Los países con mayores tasas son Haití (62%) y Nicaragua (31%), que además son de los que han empeorado. Pero, en comparación con 1979-81, el aumento ha sido más acentuado en Venezuela y Cuba, donde el número de personas malnutridas se ha multiplicado por 6 y por 5, respectivamente. En cambio, las mayores reducciones se han dado en Ecuador (del 11% al 5%) y Colombia (del 22% al 13%).

Los problemas de malnutrición en Latinoamérica no se deben a escasez de alimentos. De hecho, en la década pasada la producción agrícola creció a un 2,6% anual, un incremento ligeramente superior al que se produjo en los años 80 (+2%), y también subió el rendimiento por hectárea cultivada. Asimismo, el volumen de las exportaciones de productos agrícolas aumentó un 80%; pero como bajaron los precios en los mercados internacionales, el valor de las exportaciones solo ha subido un 60%. Además, ha habido una reducción de la demanda interna, no compensada por el crecimiento de las ventas al exterior. En suma, la agricultura latinoamericana es todavía poco rentable y se echan en falta inversiones públicas para desarrollarla. En términos generales, los productores han sufrido una merma de ingresos por la reducción de las subvenciones. El Estado se ha retirado de sus anteriores ámbitos de intervención (extensión agraria, comercialización de productos, créditos a los campesinos…), y ni otros agentes ni el mercado han llenado el hueco más que parcialmente.

No es que no haya habido mejoras en general, aunque las situaciones son distintas según los países. Pero -señala la CEPAL- las políticas de desarrollo han solido marginar al campo, donde la pobreza ha disminuido muy lentamente, de modo que mantiene su retraso en relación con las zonas urbanas. Solo en unos pocos países se ha reducido la pobreza entre las capas más vulnerables de la población rural. Uno de ellos es Chile, que lo ha conseguido merced a programas de acceso a la tierra y apoyo a la producción.

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