Hay hambre en el Sur de África, pero los gobiernos temen aceptar alimentos transgénicos

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Millones de habitantes de países del sur de África están pasando hambre a causa de la sequía. Sin embargo, algunos gobiernos de estos países se han resistido a aceptar la ayuda de emergencia por contener alimentos transgénicos. Para disipar los recelos, la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Gro Harlem Brundtland, se ha reunido en Harare con los ministros de Sanidad de diez países para asegurarles que no hay pruebas de que los alimentos genéticamente modificados sean peligrosos.

La Dr. Brundtland dijo a los ministros que, según los estudios científicos y la información disponible de variadas fuentes, el consumo de alimentos genéticamente modificados “probablemente no presenta ningún riesgo para la salud”. “La OMS -dijo- no ha tenido conocimiento de casos científicamente documentados en los que el consumo de estos alimentos haya tenido consecuencias negativas para la salud”.

Aunque ni la OMS ni la FAO se han pronunciado oficialmente sobre los alimentos transgénicos, Brundtland dijo que ambas organizaciones confían en que el principal país que ha facilitado esta ayuda alimentaria (Estados Unidos) ha aplicado los procedimientos establecidos sobre la seguridad de los alimentos. “Sabemos, por ejemplo, que los alimentos transgénicos son consumidos por gente de otras regiones: estos alimentos no son menos seguros para los africanos que para la gente que los come en otras partes del mundo”, dijo.

A la reunión asistieron ministros o viceministros de los países afectados (Angola, Lesotho, Mozambique, Namibia, Zimbabue, Botsuana, Malawi).

Brundtland reconoció que los gobiernos tienen la última palabra sobre la decisión de aceptar la ayuda alimentaria. Pero “la OMS -añadió- piensa que, en la crisis actual, los gobiernos de los países del sur de África deberían considerar atentamente las graves e inmediatas consecuencias que tendría limitar la ayuda alimentaria que millones de personas necesitan desesperadamente”.

En Zimbabue cerca de la mitad de la población del país, unos 12,5 millones, está al borde del hambre, por la sequía y el trastorno de la producción agrícola causado por la expulsión de los granjeros blancos, que ocupaban las mejores tierras. Sin embargo, el gobierno de Robert Mugabe ha tenido paralizada desde finales de julio la ayuda alimentaria facilitada por Estados Unidos por contener transgénicos.

El gobierno de Zimbabue alegaba que si parte de los cereales donados se plantaban en lugar de ser consumidos, podían dar lugar a plantas con un polen genéticamente modificado. Este polen podía extenderse a otras plantaciones, y hacer que en el futuro las cosechas no fueran exportables a países que restringen la importación de alimentos transgénicos.

Finalmente se llegó a un acuerdo entre el gobierno y las agencias de ayuda: el World Food Program de la ONU proporciona las 17.500 toneladas de cereales al gobierno de Zimbabaue. El gobierno se encargará de moler los granos, de modo que solo sirvan para comer. Por su parte, el gobierno entrega a la agencia de la ONU una cantidad igual de cereales almacenados en el país. Y la agencia entregará estos cereales a grupos no gubernamentales para que los distribuyan entre los más pobres de Zimbabue. Las agencias de ayuda no se fían de una distribución hecha por el gobierno, pues está comprobado que reparte la ayuda a los que le apoyan políticamente, y margina a sus adversarios.

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