“El problema es que las escuelas de negocios se ven como parte de un negocio”

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Duración lectura: 5m. 27s.

Barcelona. Jeffrey Pfeffer es profesor de Comportamiento en la Organización en la Escuela de Negocios de la Universidad de Standford. Ha sido profesor visitante en el IESE Business School (Universidad de Navarra), donde también ha participado en la 14ª edición del Simposio Internacional de Ética, Empresa y Sociedad (18-19 mayo 2006). En su intervención habló de cuáles son los valores de los estudiantes de las escuelas de negocios, y de qué han de hacer estas escuelas para transmitir valores que no se basen únicamente en el propio interés individual.

—¿No cree que actuar buscando el propio interés es parte de nuestra civilización?

— Puede ser que esto pertenezca a la civilización occidental o puede que no. No obstante, los valores de nuestra civilización cambian. Hace 20, 30 ó 40 años, los CEO de las empresas estadounidenses se preocupaban de sus clientes y de sus empleados. La idea de que los accionistas están primero es totalmente nueva. Además, existen grandes diferencias dentro de lo que podemos considerar la civilización occidental. El mismo concepto de los negocios y de su finalidad es muy diferente en los Estados Unidos, Dinamarca, Holanda o Finlandia. Una compañía como Nokia, que tiene la cultura empresarial finlandesa, es muy diferente de las empresas norteamericanas. Sin embargo, Nokia es -desde diferentes puntos de vista- una compañía extremadamente exitosa.

Por supuesto que dentro de esta cultura individualista la influencia de las escuelas de negocios es solo un factor más. Sin embargo, la lógica de no hacer nada porque esta cultura es el resultado de muchos factores no es buena. La lógica dice que cada uno tiene sus responsabilidades y, por esto, las escuelas de negocios han de hacer lo que esté en sus manos a pesar de que no puedan resolver el problema en su conjunto.

— En el caso concreto de las escuelas de negocios, usted sostiene que los alumnos tienen unos valores diferentes de otros estudiantes.

— No es que lo diga yo, lo demuestran los hechos. Hay pruebas que señalan que los estudiantes de las escuelas de negocios copian más en los exámenes y tienen un desarrollo en sus valores morales diferente de los estudiantes de otras facultades o escuelas. Sus valores evolucionan a lo largo de su estancia en la escuela y, por supuesto, esto tiene mucho que ver con lo que les enseñamos. Así, al final, están menos interesados en los clientes y mucho menos en los empleados. En lo que sí están interesados es en maximizar el beneficio.

Hemos transmitido a nuestros alumnos que el proceso no importa, lo importante son los resultados. Esto se puede observar incluso en el método del caso: todo el mundo se pregunta qué pasará al final. ¿Por qué hemos de sorprendernos de que aprendan lo que se les enseña?

— ¿Esto es válido también para las escuelas de negocios europeas o se trata más bien de un fenómeno de los Estados Unidos?

— Las que mejor conozco son las estadounidenses. Sin embargo, puedo decir que prácticamente todas las escuelas de negocios europeas -o, al menos, las más importantes- han tomado como referencia el modelo norteamericano. Basta con echar una ojeada a las páginas web de diferentes escuelas. ¿Qué nos explican de esas escuelas de negocio? ¿Qué palabras se usan? ¿Qué destacan en sus noticias? Este ejercicio muestra cómo se presenta la escuela a sí misma, cuál es su enfoque y las cosas de las que se enorgullece.

Las personas antes que los números

— ¿Cómo pueden las escuelas de negocios transmitir unos valores más positivos?

— Por un lado, se deberían preocupar mucho de las personas a las que invitan a hablar. Hay un libro, escrito por un sociólogo, llamado “The Celebration of Heroes”. Según este texto, se puede aprender mucho de una sociedad conociendo a sus héroes, a las personas que ensalzan. En las escuelas de negocios sucede lo mismo. Si invitas a un personaje egocéntrico, estás enviando un mensaje muy determinado a tus estudiantes.

Por otro lado, deberían cuidar el mensaje -en la web y en el material de promoción- donde se explica a los alumnos por qué deberían ir a su escuela. Necesitamos gente que sea consciente de que su trabajo va a afectar a la vida de los miembros de su equipo y no sólo a los números de un gráfico.

A menudo estas ideas no se llevan a término porque las escuelas de negocios se ven a sí mismas como parte del negocio de las escuelas de negocios. Compiten entre ellas, tratan de crecer… No se consideran como instituciones académicas, que es lo que realmente son.

— Los defensores de un mayor peso de la ética en los negocios afirman que tratar mejor a los empleados redunda en un mayor beneficio de la compañía. Quizá sea un razonamiento válido pero se sigue moviendo en el marco del propio interés de los individuos.

— Escribí un libro que titulé “The Human Equation: Golden Profits by Putting People First”. Un amigo mío me dijo que le había encantado el libro, pero que no le gustaba nada el título. A las personas se les ha de cuidar porque tienen un valor en sí mismas, no por que se vaya a ganar más dinero.

También es verdad que hay personas que vienen a la Universidad de Standford y cuyo principal objetivo no es ganar mucho dinero. Una de mis alumnas está en Guatemala trabajando en el Ministerio de Educación. No es ni un trabajo fácil ni un trabajo bien remunerado. Si una persona puede hacerlo, el resto también. Es posible inculcar valores que hagan a las perosnas más comprometidos con el bienestar del resto de la humanidad.

— No obstante, estamos hablando de una persona comprometida que de alguna manera está fuera del sistema. ¿Esta persona se comportaría de la misma manera si trabajara en una gran compañía?

— Por lo que sabemos acerca de la cultura de las organizaciones empresariales, pueden ocurrir dos cosas. O esta persona se conforma con los valores de la institución de la cual forma parte o la institución la expulsará… La verdad es que sería bonito y algunos lo harán y otros crearán su propia empresa, que es una buena forma de conseguirlo.

Miquel Urmeneta