El agro mexicano frente al Tratado de Libre Comercio

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Duración lectura: 3m. 33s.

México D.F. Las barreras arancelarias para las importaciones de maíz, frijol, leche y azúcar entre México, Estados Unidos y Canadá se eliminaron por completo el pasado 1 de enero, despertando las protestas de algunos sectores agrícolas mexicanos. No obstante, la apertura es solo un paso más de lo pactado en el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente desde 1994, que culmina así un periodo de transición de catorce años.

“La miseria del campo mexicano es anterior al Tratado de Libre Comercio -afirma el economista Luis Pazos- y se debe fundamentalmente a una reforma agraria que durante 75 años generó inseguridad, evitó la capitalización del campo, aunque enriqueció a líderes que, a la sombra de esa reforma y de los subsidios a la agricultura, obtuvieron enormes partidas del presupuesto y escalaron puestos políticos”.

Los terratenientes fueron despojados de sus productivos campos que, bien trabajados y administrados, no beneficiaban tan solo a sus propietarios, sino a los mismos campesinos, debido a un sistema de arrendamiento de tierra cuyos frutos eran comercializados por ellos mismos. El sistema procuraba una vida digna a los arrendatarios y cubría lo necesario para pagar al arrendador. Los campesinos trabajaban para ellos mismos y hacían productivas miles de hectáreas que pertenecían a diversos hacendados. Los agricultores podían comprar así granos e instrumentos de labranza, pagar a los peones y explotar las tierras de modo eficaz.

Pero tras el movimiento agrarista, todo esto se vino abajo, en especial en las zonas centrales del país, en donde la escasez de agua -utilizada para el uso de las ciudades- agravó más si cabe la situación de los agricultores. Muchos agricultores, supuestos beneficiarios de la reforma agraria, tuvieron que abandonar sus tierras para subemplearse en las grandes ciudades de México o exiliarse como ilegales en los Estados Unidos.

Luis Pazos asegura que la supresión de aranceles sobre productos agrícolas básicos “ya no puede empobrecer más a los pequeños productores, quienes han sido utilizados por liderzuelos para fines políticos”. Así parece haber ocurrido en las manifestaciones de los días pasados, que han estado en su mayor parte promovidas por “profesionales de las protestas”, capaces de movilizar miles de campesinos traídos de casi todos los estados de la República, para hacer constar su oposición a la apertura de fronteras según lo acordado en el TLC.

Un artículo publicado por The Economist titulado “Tariffs and Tortillas” [Aranceles y Tortillas] afirmaba que se ha hecho poco para preparar a los pequeños campesinos para este nuevo paso. Y, efectivamente, el capital destinado por Procampo (programa gubernamental para el sector) para financiar a dichos campesinos, fue irregularmente gestionado, yendo a parar a manos de los grandes terratenientes en el norte del país. Las ayudas apenas llegaron a las cuatro quintas partes de los campesinos que tienen menos de cinco hectáreas, la mayoría de los cuales subsisten con lo que su parcela les renta, es decir, la “dieta de la pobreza”, según Luis de la Calle, uno de los negociadores del Tratado.

“Paradójicamente la mayor oferta y oportunidad que tiene México en el mundo global es el TLC -asegura Jorge Fernández Menéndez, conocido analista político del Excelsior– (…), que hace atractivo invertir en suelo mexicano, y esa ventaja comparativa es la que algunos quieren abrogar. O amenazan con hacerlo para recibir mayores subsidios, los mismos que muchas veces se quedan en las organizaciones campesinas y nunca llegan ni a sus afiliados, ni son utilizados en proyectos productivos”.

A ese respecto, Luis Pazos añade que “después de 14 años de vigencia del TLC con Estados Unidos y Canadá (…), más allá de ideologías, intereses gremiales y partidarios, podemos hacer un análisis de los beneficios del libre comercio en el campo. El PIB agropecuario creció en promedio anual el doble que en los 10 años previos al TLC. El valor de las exportaciones de las hortalizas, plantas, raíces y tubérculos del campo mexicano hacia EE.UU. y Canadá es superior a la suma de las importaciones de leche, trigo, maíz y azúcar de esos países”.