Economía de verdad

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Duración lectura: 2m. 21s.

En un artículo publicado en ABC (19-08-09), Andrés Ollero Tassara, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, señala que la encíclica “Caritas in veritate” es una pieza más del ya largo esfuerzo de Benedicto XVI “por revisar el concepto imperante de racionalidad”.

“El hilo conductor de sus decenas de epígrafes lleva a reflexionar sobre el alcance y límites de la racionalidad tecnológica y de su variante económica”, escribe Ollero. “Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”, advierte el Papa. En la encíclica “se rechaza pues la idea de que la economía ha de regirse exclusivamente por el beneficio y que la caridad sólo entrará en juego a la hora de destinar esas ganancias a socorrer al necesitado o a un crucero por el Caribe”, comenta Ollero.

Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia”. Habrá quien tache tal planteamiento de pre-moderno, pese a que su principal defecto sería la desfachatez con que se toma a la Modernidad en serio. Lo de libertad, igualdad y fraternidad no lo inventó ningún Papa. De libertad e igualdad vamos, afortunadamente, estando poco a poco mejor servidos; lo de la fraternidad sigue siendo asignatura indefinidamente aplazada. ¿Era un mero colofón improvisado por unos políticos ebrios de gloria?

«En las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo». Habrá pues que armarse de caridad para hacer una fructífera economía, en vez de hacer caridad con los frutos de la economía.

No se trata pues de poner en solfa las esperanzas depositadas por la Modernidad en la razón, sino de ampliar su campo de juego más allá de la estrechez de la racionalidad tecnológica.

Sin duda la principal virtud de la encíclica, heredada del pensamiento que la inspira, es su ambiciosa dimensión utópica. Por eso, acotarla revistiendo al texto de la racionalidad que pretende combatir, y disculpar presuntos excesos, como se viene disculpando la revolucionaria invocación a la fraternidad, equivaldría a castrar su mensaje. «El desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad».

Fuente: http://www.abc.es/hemeroteca/historico-19-08-2009/sevilla/Opinion/economia-de-verdad_1023434986536.html