Discutida ayuda alimentaria a Rusia

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La ayuda alimentaria que Estados Unidos ha prestado a Rusia este año ha sido muy beneficiosa… para los donantes. Así dicen varios analistas, rusos y occidentales: según ellos, la asistencia era innecesaria y ha perjudicado a los productores del país (cfr. International Herald Tribune, 13-VII-99). El caso muestra lo difícil que resulta ayudar a Rusia: para empezar, no parece sencillo saber qué necesita.

La iniciativa de ayuda alimentaria a Rusia surgió en octubre pasado. Entonces el gobierno de Estados Unidos recibió de los rusos unos informes que hablaban de cosechas calamitosas en el verano anterior y de una caída drástica de las importaciones de alimentos a causa de la crisis financiera del país. En vista de los datos, el Departamento de Agricultura estadounidense decidió donar a Rusia 600 millones de dólares en trigo. También le concedió un préstamo a 20 años al 2% de interés, con el que Rusia pudo comprar 400 millones de dólares en otros cereales, soja y carne.

Está claro que la ayuda ha proporcionado beneficios en Estados Unidos. Gracias a ella, los agricultores norteamericanos han podido vender sus excedentes al gobierno, a un precio que no habrían obtenido en el mercado. También han sacado provecho las compañías navieras, ya que la ley obliga a transportar la ayuda en buques estadounidenses.

Lo que se discute es que la asistencia haya sido útil para Rusia. El objetivo, según Dan Glickman, secretario de Agricultura, era “asegurar que los rusos estén alimentados en el invierno”. Pero el primer envío no llegó hasta marzo. Además, el 40% del trigo y alrededor de un cuarto de los otros cereales ha ido a parar a las provincias de Moscú y San Petersburgo, zonas muy bien aprovisionadas. En cambio, otros lugares con problemas de abastecimiento no han recibido nada.

También el Banco Mundial cuestiona la necesidad de la ayuda alimentaria. Según indica, el problema inicial no era la falta de alimentos, sino el precio y la mala información. A pesar de que en octubre los funcionarios moscovitas habían pronosticado un déficit de cinco millones de toneladas de grano, estadísticas del gobierno recogidas por el Banco Mundial muestran que en junio había un superávit de 2 millones de toneladas, sin contar con la ayuda extranjera.

Yevgeniya Serova, economista rusa, cree que la ayuda es no sólo superflua, sino peligrosa. En su opinión, perjudica al sistema de mercado, aún en ciernes en Rusia. Por ejemplo, comerciantes rusos aseguran haber comprado productos procedentes de la ayuda alimentaria a la mitad o menos del precio de los artículos del país.

En defensa de la ayuda ha salido Asif Chaudhry, responsable en Moscú del programa norteamericano. Afirma que ha visitado numerosos molinos y fábricas de alimentos que sobreviven gracias al trigo estadounidense, y puntualiza que los que pidieron la ayuda fueron los rusos. También alega que la ayuda alimentaria proporcionada es de magnitud insuficiente para desbaratar el mercado y que los precios fueron fijados cuidadosamente para evitar la competencia con los productos rusos. En cuanto al retraso, indica que “la ayuda empezó a llegar cuando las reservas rusas se habían agotado”. Pero la cuestión es si realmente Rusia se quedó sin reservas.

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