Excluir a mujeres transexuales del deporte femenino es cuestión de juego limpio

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Duración lectura: 2m. 16s.
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El pasado 9 de octubre, la Federación Mundial de Rugby (WR) anunció que prohibiría que mujeres transexuales participaran en competiciones femeninas. Para The Economist, la decisión de la WR es acertada, y “otros deportes deberían seguir su ejemplo”.

El semanario subraya el modo en que se tomó la resolución: “La WR convocó a científicos, expertos en ética, atletas y abogados, para que presentaran serenamente los argumentos a las autoridades deportivas. Sus ponencias se hicieron públicas, en pro de la transparencia. Y la decisión se basó, hasta donde fue posible, en hechos”.

Entre ellos, pesaron dos. Uno es que la mayoría de los hombres son más grandes, rápidos y fuertes que la mayoría de las mujeres. El otro es el papel que desempeña la testosterona, la hormona sexual masculina que está en la base de mucha de esa ventaja deportiva. En este momento, el Comité Olímpico Internacional (COI) permite que las mujeres trans participen en certámenes femeninos si se comprometen a reducir sus niveles de testosterona en sangre.

Las pruebas presentadas a la WR indican que la solución de compromiso adoptada por el COI no funciona. “La supresión de la testosterona parece tener solo un pequeño impacto en la fuerza física; tan pequeño, que no anula la ventaja adquirida en la pubertad masculina. Y ninguna hormonoterapia puede encoger los esqueletos”.

“Eso fue suficiente –añade la publicación– para que la WR decidiera que el riesgo que representaban las mujeres trans para otras jugadoras en un partido femenino sería excesivo”. La Federación anuncia que revisará su decisión periódicamente, a la luz de los nuevos datos que aporten futuras investigaciones. “Pero en un deporte de riesgo en el que ya preocupaban las secuelas a largo plazo de lesiones comunes, como las conmociones cerebrales, su conclusión tiene sentido”.

Añade The Economist que las modalidades deportivas femeninas existen, precisamente, para excluir la participación masculina. De no existir esa diferenciación, “la mitad de los deportistas tendría que pugnar contra una insuperable ventaja que la otra mitad tiene garantizada por mera oportunidad biológica. Si la supresión de testosterona no puede deshacer esa ventaja, entonces es injusto que aquellos que todavía la tienen compitan contra quienes nunca la tuvieron”.

Según el propio COI, el objetivo principal del deporte ha sido “y sigue siendo” la garantía de una competencia limpia. A la luz de ello, el semanario británico subraya que, al final, la cuestión es si la supresión de testosterona puede garantizar en la práctica esa competición justa. “Y hasta ahora, la evidencia sugiere que no”.

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