Defensa de la continencia

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Duración lectura: 1m. 57s.

Lance Morrow propone volver a enseñar a los jóvenes el valor de la continencia, sin pensar que son incapaces de ella (Time, 2-X-95).

¿Cómo evitar que la juventud norteamericana caiga en la espiral descendente, que no es sólo el conocido problema de los embarazos de adolescentes y la desintegración familiar y el SIDA, sino también la general degradación sexual norteamericana, la charca del “ello”? (…) La heroica abnegación individual no es, a largo plazo, una política viable para los adolescentes. Pero sí podría funcionar un ambiente general de continencia, una cultura de la continencia (…).

El responsable máximo de la sanidad pública en el Estado de Virginia se atrajo las habituales burlas despectivas por recomendar la continencia como política para reducir el número de embarazos entre adolescentes. Eso no lograría nada, por supuesto. Los adolescentes no se abstendrán del sexo, como no lo harán los juguetones perros callejeros, y es necio, represivo, retrógrado pretender que lo hagan. Lo más que pueden hacer las autoridades es repartir preservativos entre las bestezuelas y confiar en que los usen. Y si no toman tal precaución, pues… sólo queda un último recurso: una visita a la clínica abortista.

Lamentable, quizá, pero… c’est la vie.

Esta mentalidad adopta una idea despiadadamente degradada de la naturaleza humana. Los jóvenes suelen cumplir las expectativas que se tienen sobre ellos. El reparto de preservativos patrocinado por el gobierno proclama que la sociedad espera oficialmente que se comporten como perros.

(…) La mentalidad de la continencia exige una cierta metafísica moral. Hay que enseñar esto: cuanto más cedes a algo, bueno o malo, pero especialmente malo -drogas, sexo irresponsable, violencia, música idiota, estupidez, conducción temeraria, malos modos, ira…-, más pierdes. Cuanto más te niegas, más ganas. Esto no es una moraleja barata, sino una valiosa verdad que en la última o dos últimas generaciones ha sido arrastrada por un torrente de porquería. Para un adolescente, la continencia supone seguridad y, por tanto, la libertad que da el dominio de sí. La continencia es un medio para ver claro, una ventana a través de la cual es más fácil distinguir, entre otras cosas, a uno mismo y al prójimo.

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