Cáncer de cuello de útero: la vacuna y la píldora

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El gobierno español aprobó en agosto la comercialización de una vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), virus sexualmente transmisible. En octubre, el organismo competente acordó su inclusión en el calendario de vacunaciones a partir de enero. La importancia de atacar el VPH reside en que este virus puede causar cáncer de cuello de útero. Y, aunque las dudas sobre la oportunidad de esta medida son muchas (ver Aceprensa 109/07), el Sistema Nacional de Salud (SNS) parece dispuesto a gastarse al menos 123 millones de euros anuales, que es el coste de compra de las vacunas, según los cálculos de Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de Salud Pública que encabeza una plataforma que pide una moratoria ante esta decisión (cfr. El País, 6-11-2007).

En lo referente al cáncer de cuello de útero, se ha publicado en la revista médica The Lancet un trabajo sobre su relación con el uso de la píldora anticonceptiva. Según las conclusiones del estudio, basadas en 52.000 casos, el riesgo de este tipo de cáncer en mujeres que toman la píldora puede llegar a aumentar un 18%. Sin embargo, Jane Green, que es quien ha recogido los datos, considera que “el miedo al cáncer de cuello de útero no debería impedir que las mujeres tomen la píldora anticonceptiva”.

El País (10-11-2007) recoge las declaraciones del jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Severo Ochoa de Leganés, Javier Martínez Salmeán, para quien “el uso de la píldora compensa”, ya que el cáncer de cuello de útero “se cura en un 85% o un 90% de los casos”. El citado artículo señala que la píldora se puede tomar con “tranquilidad” a pesar de este riesgo, porque el cáncer de cuello de útero es de baja incidencia, y es fácilmente tratable si se detecta a tiempo, lo que se puede conseguir mediante una citología periódica.

Lo curioso es que el mismo riesgo de padecer cáncer que se invoca para justificar la vacunación masiva, sea luego minusvalorado para no mirar con recelo la píldora anticonceptiva. Porque, además -y eso ni se menciona en estas informaciones-, el VPH es más fácil de evitar con comportamientos sexuales basados en el retraso en el inicio de las relaciones y en la fidelidad a una misma pareja.

Al margen de probables intereses farmacéuticos, el futuro desembolso del SNS en vacunas contra el VPH se convierte así en el precio a pagar por una sociedad que no está dispuesta a tener hábitos de vida saludable… cuando eso implica sobriedad sexual.

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