“Ciudadanos” progresistas, con años de retraso

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Duración lectura: 2m. 44s.

Albert Rivera, cabeza de lista del partido Ciudadanos, ha dado el salto desde Cataluña a la política nacional, con ánimo de ofrecer una alternativa al duelo entre PSOE y PP. “Representamos a la tercera España progresista”, declara a El País (26 de febrero).

¿Y que nos ofrecería su concepción del progreso? Entre otras cosas, “una ley de plazos del aborto, el derecho a una muerte digna, regular la prostitución para dar salida a las mujeres explotadas y dar derechos a quienes quieran ejercerla voluntariamente (que son una minoría). También legalizar el consumo del cannabis, pero con control e información, creando locales como los coffee-shops holandeses”.

Es claro que Albert Rivera mira a Holanda, pero debe de hacer tiempo que no va por allí. Si se da un paseo por Amsterdam, por ejemplo, se enterará de que el Ayuntamiento ha emprendido la regeneración del “barrio rojo”, donde se exponen prostitutas en escaparates. El municipio está comprando estos burdeles, para rehabilitarlos y alquilarlos para negocios normales. Ya ha alquilado 18 de ellos a jóvenes diseñadores. Su propósito es ir limpiando el barrio y dedicar esos locales a tiendas, galerías de arte, restaurantes…

Según declara el alcalde de Amsterdam Job Cohen al International Herald Tribune (25 de febrero), con la legalización de la prostitución en 2000 se pretendía -como propone ahora Rivera- hacer más transparente el negocio del sexo y proteger a las prostitutas reconociéndoles derechos laborales. “Pero hemos comprobado que esto no funciona, que el tráfico de mujeres continúa.” No solo continúa, sino que ha ido a peor. “Hemos visto que ya no se trata solo de pequeños negociantes, sino de grandes organizaciones criminales dedicadas al tráfico de mujeres, drogas, asesinatos y otras actividades criminales.”

El reportaje del Herald Tribune informa que una investigación parlamentaria y varios informes de criminalistas han advertido en los últimos años que “la prostitución y la permisividad del comercio de marihuana han sido cada vez más un imán para el crimen organizado internacional”.

Ahora los municipios están procurando favorecer el cierre de coffee-shops, con medidas fiscales y de zonificación. En Rotterdam, en julio del año pasado, el Ayuntamiento aprobó una medida que impide que haya coffee-shops a menos de 250 metros de colegios. Simplemente con eso, obligó a cerrar a 27 de los 62 establecimientos de este tipo que había en la ciudad (cfr. Aceprensa 25-07-2007).

En Amsterdam, un informe de una comisión creada por el Ayuntamiento para abordar el problema, decía que los coffee-shops y los burdeles legalizados habían contribuido a generar más crimen al obtener un respaldo legal. “La marihuana y las mujeres tienen que venir de algún lado, y el crimen organizado proporciona la mayor parte de la demanda”.

Albert Rivera, que se dio a conocer literalmente al desnudo en los carteles electorales de las elecciones autonómicas de Cataluña, puede pensar que los escaparates del “barrio rojo” de Amsterdam son un signo de liberación y de transparencia. Pero lo malo de estos progresistas locales es que casi siempre se empeñan en ir en cabeza hacia los sitios de donde otros están volviendo.