Campaña moral en Corea del Sur

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Desde que juró su cargo el pasado mes de febrero, el presidente de Corea del Sur, Kim Young-sam, ha iniciado una campaña para combatir la corrupción y elevar la moralidad nacional. Ha reprobado a sus paisanos por la creciente codicia y corrupción, que en su opinión han crecido paralelamente al impulso económico que les condujo a la prosperidad de los años setenta y ochenta; pero también ha solicitado la ayuda de todos para elevar el nivel moral de la sociedad.

El gobierno actual ha destituido o detenido por corrupción a más de un millar de miembros de la antigua élite política: parlamentarios, burócratas, hombres de negocios y militares. Normalmente la causa de esas destituciones han sido los sobornos. En junio, la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Ética de los Empleados Públicos, que exige a los funcionarios hacer pública su situación financiera.

A pesar de las críticas que ha recibido el presidente, en las que desde algunos sectores le han tachado de ingenuo y poco realista, su lucha contra la corrupción ha hecho que su popularidad se incremente hasta un 80%. Algunas de las críticas proceden de antiguos colegas, que ahora le echan en cara al presidente su tendencia a “moralizar por decreto”.

Pero Kim Young-sam no ceja. Su decisión quizá más atrevida ha sido levantar el secreto de las cuentas bancarias, donde se esconden los frutos de la economía sumergida. Cuentas bancarias formalmente legales, pero con nombres falsos, eran utilizadas para eludir los impuestos y como fondos para sobornos.

A pesar de las exigencias éticas que propugna el gobierno, los hombres de negocios de Corea del Sur están impresionados con la integridad personal del presidente. A los empresarios les ha animado a dejar el golf hasta que se recobre la economía. Ha pedido que se dejen de frecuentar los burdeles. Junto a esto, Kim pretende llevar a cabo un plan económico, a cinco años vista, que liberalice el mercado financiero y fomente la inversión extranjera. Aunque la tasa de crecimiento económico anual ha sido del 4,7% en 1992, es la más baja de los últimos diez años.

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