Testimonios sobre la hambruna en Corea del Norte

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Duración lectura: 2m. 41s.

De los efectos de la hambruna que padece Corea del Norte desde hace cinco años se tienen estimaciones generales, hechas por los organismos internacionales de ayuda. Pero se conocen pocos detalles de la situación en que se encuentra la población, pues el gobierno trata de ocultarla. Recientemente, dos periodistas occidentales han podido recoger testimonios directos de norcoreanos refugiados en la zona de China próxima a la frontera. Sus relatos aparecieron en el International Herald Tribune el mes pasado. Ambos dibujan un panorama de desesperación, del que el mundo hasta ahora sólo conocía algunos trazos.

James Pringle, corresponsal en Pekín del diario londinense The Times, dice en el Herald (9-II-99) que la mayoría de la población norcoreana no dispone habitualmente de más alimento que tallos y hojas de plantas silvestres. Todos los refugiados que pudo ver estaban desnutridos; los niños y adolescentes, atrofiados, tenían la estatura y el aspecto de una persona con cinco o seis años menos que su edad real.

Los refugiados confirman que, en la capital -prácticamente el único lugar permitido a los extranjeros-, el gobierno retira a los niños de las calles, para que nos los vea el personal diplomático o de asistencia venido del exterior. También dicen que la gente ha dejado de casarse, pues no hay alimentos infantiles, y que los hospitales no tienen medicinas. Pringle pudo pasar la frontera y visitar algunos pueblos, que se encontraban semivacíos. No vio salir humo de las chimeneas, pese a que era un día muy frío, ni señal alguna de actividad industrial o comercial.

La crónica de Don Kirk para el Herald (24-II- 99) también está hecha desde la región china limítrofe con Corea. Se centra en la campaña de ejecuciones públicas recientemente emprendida por el régimen norcoreano a fin de parar la ola de crímenes motivados por el hambre. De esto no trata la prensa norcoreana y apenas se tenían noticias en el extranjero; pero no es un secreto para la población del país, como manifestaron los refugiados al periodista. Cada uno de ellos había presenciado varias ejecuciones, pues las autoridades las anuncian con insistencia para que la gente asista.

Según los refugiados, los crímenes de los reos suelen ser el robo, el canibalismo o el asesinato de niños para vender su carne. Los testimonios aseguran que la antropofagia ha llegado a ser común; lo más frecuente es practicarla con cadáveres que se desentierran por la noche, horas después del sepelio.

Estas informaciones se han podido obtener gracias al creciente flujo de norcoreanos que huyen a China. Los refugiados se exponen a que las autoridades chinas los devuelvan a Corea, cosa en que últimamente ponen más celo por insistencia de Pyongyang. Si así ocurre, los refugiados suelen recibir palizas de la policía norcoreana y permanecer detenidos durante algunas semanas. Pero, según contó a Kirk un testigo, el pasado 1 de febrero fueron ejecutados un hombre y una mujer que habían escapado tres veces a China y habían sido expulsados las tres veces.

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