¿Dónde están los “valores asiáticos”?

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Diversos dirigentes de Asia, especialmente en Singapur, insisten en defender lo que llaman “valores asiáticos”, considerados opuestos al individualismo occidental, como clave del éxito económico y la cohesión social de sus países (ver servicio 2/95). Timothy Ong, empresario de Brunei, pone en duda ese discurso (International Herald Tribune, 20-V-96).

No sé bien qué son los valores asiáticos. Creo que sé lo que son los valores malayo-musulmanes porque vivo en una sociedad malayo-musulmana. Creo que sé lo que son los valores chinos porque soy descendiente de inmigrantes chinos. Creo que sé lo que son los valores australianos porque estoy casado con una australiana. Pero los valores asiáticos, como sistema de valores común y característico que conjuga la rica y dinámica diversidad cultural de Asia en un mundo interdependiente, me resultan difíciles de identificar.

(…) No se puede negar que valores como el papel central de la familia, la sobriedad, la laboriosidad y el sacrificio, que son evidentes en el Este asiático, han contribuido de forma notable al éxito de estos países. Sin embargo, ¿son estos valores, tan importantes, específicos de Asia? ¿No estuvieron también claramente presentes en el progreso económico de Occidente? (…)

Esgrimir los “valores asiáticos” como explicación principal del éxito económico de Asia es impropio tanto en el terreno político como en el intelectual. Esta explicación presenta tres puntos débiles.

En primer lugar, el éxito económico de Asia se ha producido tanto en países culturalmente homogéneos como en países que presentan diversidad cultural. Incluir todas las economías prósperas de Asia bajo la categoría de “Asia del Este” puede resultar útil, pero eclipsa la diferencia entre las sociedades del noreste asiático, que son culturalmente homogéneas (Japón, Corea del Sur, China, Taiwán, Hong Kong), y las sociedades culturalmente diversas del sudeste asiático.

Quizá el confucianismo explique la prosperidad económica del noreste de Asia, pero no el éxito de las economías del sudeste asiático, donde conviven el islamismo, el cristianismo, el budismo, el confucianismo, el hinduismo y otras tradiciones culturales.

En segundo lugar, los “valores asiáticos” no pueden explicar las grandes diferencias de resultados económicos entre sociedades que tienen el mismo sistema de valores. Un ejemplo claro es la diversa suerte económica de Birmania y Tailandia, que comparten más o menos el mismo sistema tradicional de valores. A principios de siglo, Birmania era más rica que Tailandia. Cerca de un siglo después, Tailandia es casi diez veces más rica que Birmania. La diferencia, por supuesto, no está en la cultura, sino en las diferentes trayectorias económicas y políticas que un país y otro han seguido.

En tercer lugar, los “valores asiáticos” no pueden explicar el éxito económico de una sociedad en un periodo histórico y al mismo tiempo su fracaso en otro. Como ha planteado un observador: “Si el confucianismo explica el actual éxito económico del Este de Asia, ¿no tendría también que explicar el estancamiento de la región durante cuatro siglos?”.

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