Sudáfrica: la delincuencia espanta a los profesionales blancos

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Una sociedad aún muy dividida, una economía endeble, armas de fuego baratas y toda una generación dedicada casi por entero a luchar contra el apartheid son las principales causas de los elevados índices de violencia que se registran en Sudáfrica. Un reciente informe publicado por el Ministerio de Seguridad señala pocas mejoras: un levísimo descenso de siete de los veinte tipos de delitos violentos y estabilización de otros nueve tipos. Sin embargo, los robos siguen en aumento.

Según el informe, de enero a noviembre de 1998 hubo 52 homicidios por 100.000 habitantes (el índice de Estados Unidos, país con elevada criminalidad, fue en 1992 de 9,5 homicidios por 100.000 habitantes). La tasa de robos en domicilios privados ha pasado de 542,8 por 100.000 habitantes en 1997 a 567,2 en 1998; y la de asaltos en la calle, de 114 a 131,6 en el mismo periodo. También han aumentado los robos de coches, que se sitúan ya en 32,7 por 100.000 habitantes.

El clima de inseguridad echó a la calle a la población el pasado 21 de noviembre para protestar a las puertas de la residencia presidencial. Los participantes, en su mayoría víctimas de algún delito, respondieron a la convocatoria del Partido Democrático y solicitaron una audiencia al presidente, Nelson Mandela.

De momento, Mandela piensa que no hay razón para recibirles. Pero afirmó que ha tomado nota de lo sucedido y se felicitó de la participación ciudadana como componente esencial de la actividad democrática, informa el semanario sudafricano The Sunday Independent (6-XII-98). No obstante, tachó de electoralista la convocatoria del Partido Democrático (a mediados de año se celebrarán las segundas elecciones generales de la era post-apartheid).

A pesar de estas declaraciones, los manifestantes, que han formado una organización llamada People Against Crime, tienen previsto seguir concentrándose cada domingo en el mismo lugar, hasta que Mandela les reciba o reaccione con más energía contra la delincuencia.

Lo que parece más difícil de frenar es el abandono del país por parte de profesionales blancos. A pesar de que la población negra también es víctima de la violencia, según estimaciones publicadas en el diario italiano La Stampa (13-I-99), desde 1993 han emigrado más de 500.000 blancos. El caso sonado más reciente ha sido el de Anne Paton, viuda del escritor Alan Paton, autor del célebre libro Cry, the Beloved Country. Paton es muy conocido en el país por sus campañas a favor de la excarcelación de Mandela y por su lucha incansable contra el apartheid.

El propio Mandela ha intentado convencer a Anne Paton para que se quede. Pero ésta, cansada de “tener el corazón en un puño y estar siempre alerta” después de haber sido asaltada y robada, ha decidido dejar el país en el que ha vivido durante 35 años.

Los abandonos tienen además consecuencias negativas para el futuro inmediato del país. Sudáfrica necesita ahora más que nunca un desarrollo de los servicios sanitarios y educativos: la pérdida de profesionales cualificados es un duro golpe.

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