Nigeria: Todos contra la corrupción, en la campaña electoral

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Duración lectura: 5m. 15s.

Lagos. Nigeria, el país más poblado de África (141 millones de habitantes), está ya en campaña para las elecciones generales del próximo abril. Unas elecciones que pueden ser decisivas para el futuro de este Estado federal lleno de tensiones.

Cuando fue derrotado el proyecto de enmienda constitucional para permitir un tercer mandado al presidente nigeriano, general Olusegun Obasanjo, se difundieron rumores de que no habría elecciones. Un plan alternativo al tercer mandato consistiría en prolongar el actual, por vía de emergencia, hasta que fuesen factibles unas elecciones libres.

La estratagema parece haber encontrado tanta oposición como la de la enmienda a la Constitución, y el presidente ha decidido dar fondos a la Comisión Electoral para el registro de votantes. Parece ser que, después de todo, habrá elecciones generales en abril de este año.

De los 141 millones de habitantes del país, según el censo hecho el año pasado, 57 millones se han registrado para votar. Hubo apatía general al inicio, pero poco a poco se ha ido despertando el interés. La apatía era comprensible. En las elecciones de 2003 para el segundo mandato del presidente, el partido en el gobierno (PDP, Peoples Democratic Party) se aseguró la victoria con un masivo y obvio fraude. Consiguió así una mayoría aplastante en las dos cámaras, todos los gobernadores menos el de Lagos y otros dos, y la mayoría de las asambleas de los 36 estados de la federación.

Pero esto es historia pasada. Ahora, el debate público de los muchos candidatos que aspiran a la presidencia ha dado un fuerte impulso al registro de votantes, hasta el punto de que se ampliado el plazo para registrarse.

Los candidatos -algunos de los cuales, como Pat Utomi, han salido del sector privado- están desafiando a los políticos del gobierno, a pesar de su insignificancia en términos de poder, recursos financieros y apoyo de la maquinaria oficial. La idea crucial que estos candidatos están pacientemente ofreciendo al público desde las columnas de la prensa libre y desde sus mítines en los grandes centros urbanos del país es simple: la corrupción ha frenado el desarrollo y amenaza con desintegrar la frágil unidad de las diversas etnias que componen el país.

Esto no es propaganda política para hacerse con el poder. La corrupción afecta a toda la sociedad y está enraizada en todo tipo de gente e instituciones; pero el principal agente de la corrupción ha sido el gobierno y los políticos de la clase dirigente que se han ido turnando en el poder en las últimas décadas.

Al analizar el fenómeno muchos comentaristas dicen que se ha creado un monstruo que ha ido creciendo, sobre todo desde el descubrimiento del petróleo y los sucesivos golpes de Estado, y que continúa en estos últimos ocho años de democracia.

Un musulmán desconocido

Ante este análisis de las causas del mal gobierno y el subdesarrollo, el presidente Obasanjo se ha visto forzado a buscar un sucesor entre los políticos menos corruptos del presente régimen. La convención de los delegados del partido nominó al favorito del presidente con una gran mayoría de votos, solo después de que Obasanjo forzara a los otros aspirantes, mucho más fuertes y ambiciosos, a retirar sus candidaturas, so pena de hacer públicas sus prácticas corruptas.

El candidato, Alhaji Umar Yar’ Adua, un musulmán moderado, actualmente gobernador del estado de Katsina, era prácticamente desconocido. Ni siquiera había mostrado interés alguno en ser presidente del país. Su mérito es haber sido un administrador prudente de su estado (es decir, no se había hecho con fondos públicos para sus fines personales). Obasanjo ha visto en él un sucesor que, precisamente por ser hombre joven e íntegro, será más facilmente aceptado por el electorado. El candidato y el presidente están ahora haciendo la campaña electoral para convencer al resto del partido en las diferentes zonas del país.

Yar’ Adua está convirtiéndose -por sus declaraciones- en un campeón de la batalla contra la corrupción. “Luchar contra la corrupción -dijo en el estado de Borno- es absolutamente necesario porque es la causa más importante que ha frenado el desarrollo de Nigeria”.

Mientras tanto, el vicepresidente, Abubakar Atiku, que aspirara a suceder a Obasanjo, al encontrar el obstáculo del presidente y del partido gobernante, ha dejado el partido y se ha pasado al partido de la oposición. El presidente le ha acusado de corrupción y él ha replicado de la misma manera. En estos momentos no solo hay una batalla verbal de acusaciones, sino que se han revelado documentos que muestran la corrupción tanto del uno como del otro.

Obasanjo está usando una comisión creada para combatir la corrupción, la Economic and Financial Crimes Commission (EFCC), como arma para combatir al vicepresidente y, en general, a todos los que se le oponen, porque, al parecer, todos son corruptos. La EFCC acaba de sacar una lista de 135 políticos que están haciendo campaña para ser elegidos presidente o gobernador, o miembros de las cámaras, declarándolos corruptos y no dignos de ser elegidos. A la cabeza de la lista aparece el vicepresidente. Éste ha reaccionado llevando a los tribunales al jefe de la comisión EFCC, Malam Nuhu Ribadu, por calumnias.

Tras la publicación de esta lista, el gobierno ha declarado que los politíticos descalificados por la EFCC por corrupción no se podrán presentar a las elecciones. Con esto elimina de la contienda al vicepresidente, un político poderoso que ayudó a Obasanjo a ganar las elecciones en 1999 y 2003, pero que ha roto las relaciones con el presidente.

El electorado mira con desprecio a estos dirigentes y vuelve sus ojos a esos candidatos que han surgido fuera de los círculos políticos tan afectados por la corrupción. Está por ver si será posible celebrar unas elecciones libres o si el país se sumirá en el caos y a la situación de emergencia.

Jide MartinsACEPRENSA