Jefes de Estado africanos aferrados al poder

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Duración lectura: 2m. 59s.

Es bien sabido que en África hay un gran respeto por los ancianos. Pero el hecho de que de los 53 jefes de Estado, 2 sean octogenarios, 14 hayan superado los 70 años y 13 lleven gobernando más de 20 años, indica sobre todo que los dirigentes políticos africanos siempre han querido morir en el poder, sean o no respetados.

Según un análisis que publica la revista Mundo Negro (mayo 2007), los dirigentes africanos tienen una edad media de 62 años, lo que no se aparta mucho de la media mundial. Lo que verdaderamente les distingue es la antigüedad en el cargo. El decano de los jefes de Estado africanos es Omar Bongo, de 72 años, que gobierna Gabón desde hace 40 años. Como presidente es elegido por votación popular para un mandato de siete años, pudiendo ser reelegido sin limitación. Le sigue a corta distancia Muammar al-Gaddafi, que lleva 38 años en el poder de Libia como líder de la revolución sin necesidad de elecciones.

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, lleva en el poder desde hace 27 años, y volverá a ser el candidato de su partido en las elecciones en 2008. De ganar estos comicios para un nuevo mandato de seis años, lo terminaría con 90 años. Aunque es posible que antes el tejido social y económico del país se haya desintegrado, por la inflación desbocada, la escasez de alimentos, el déficit público incontrolable y la emigración de los profesionales. Lo cual ya indica que en un régimen autoritario el líder puede seguir sentado en el poder aunque el país esté por los suelos.

Si el criterio es la edad, los más veteranos son el citado Mugabe (83 años), el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade (80 años), y el de Egipto, el incombustible Hosni Mubarak (79 años).

Por contraste, los más jóvenes son Joseph Kabila, de la R.D. Congo, de 35 años, que sucedió en el poder a su padre y después fue elegido presidente en 2006; Mswati III, rey de Suazilandia, que a sus 38 años lleva ya 21 gobernando; y Faure Gnassingbé, de Togo, con 40 años.

Como los políticos africanos no suelen saber retirarse a tiempo, algunas Constituciones les empujan a ello limitando los mandatos presidenciales a solo dos consecutivos o estableciendo un límite de edad de 70 años. En algunos países, como Benin o Ghana, esta cláusula ha permitido la alternancia en el poder.

En otros países, los presidentes salientes intentan no aplicar inmediatamente la cláusula o cambiarla, o simplemente la suprimen. Así, en Nigeria, el presidente Obasanjo intentó en 2006 una reforma constitucional que le permitiría un tercer mandato, pero no logró vencer la oposición. También en Zambia y en Malaui fracasaron las pretensiones presidenciales de un tercer mandato. En cambio, en Guinea, el general Lansana Conté lleva 23 años en el poder y ha reformado la Constitución para quitar la limitación de mandatos y aumentar la duración del mandato presidencial de cinco a siete años. También en Uganda se modificó la Constitución en 2005 para permitir un tercer mandato a Yoweri Museveni.

Tras las esperanzas de democratización que agitaron el continente en los años noventa, el principio del siglo XXI marca el fin de la transición. Desde 2000 África ha experimentado pocos avances en materia de democratización y cambios en el poder. La longevidad de los políticos contrasta con la juventud del continente.