Incertidumbre en Sudáfrica

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Johannesburgo. Con el reciente cambio de presidente Sudáfrica ha vivido uno de los momentos de mayor crisis en su historia. Era algo que se veía venir desde que en 2007 el African National Congress (ANC), el partido mayoritario, eligió como líder a Jacob Zuma, que había sido depuesto como vicepresidente de la nación, entre otras cosas, por cargos de corrupción. Frente a él quedaba el presidente Thabo Mbeki, a punto de terminar su mandato.
Así se dejó al país con dos cabezas, si se tiene en cuenta la fuerza del partido mayoritario. Al cabo de un año de continua tensión entre las dos facciones, el partido pidió a Mbeki renunciar a la presidencia por el bien de la estabilidad del país.

Los dos dirigentes representan diferentes grupos. Zuma tiene de su lado a la mayoría de los más pobres, a las fuerzas de izquierda y a gran parte del grupo étnico zulú. Mbeki cuenta, más que nada, con el apoyo de la elite y de otros grupos étnicos.

El legado de Mbeki

Al ex presidente Mbeki se le reprochan graves errores. El detonante ha sido la acusación de no respetar la independencia judicial al querer intervenir en la decisión tomada por el juez Nicholson en el “caso Zuma”, por motivo de corrupción.

Anteriormente a este hecho, ya se acumulaban otras razones: no preocuparse de manera más pronta de las necesidades de los más pobres; haber elegido para su gabinete a algunas personas que no parecían adecuadas ni populares; haber destituido de su cargo como vicepresidente de la nación a Jacob Zuma, hecho sucedido en 2005, cuando un socio de Zuma fue enjuiciado por corrupción en la compra de armamento a una empresa francesa.

A lo ya dicho se suman las posturas tomadas como mediador en la crítica situación en Zimbabue; el haber retrasado el acceso gratuito a los medicamentos para combatir el sida (y sus ideas sobre esta enfermedad); y por último el haber encubierto al jefe de la policía cuando se veía que estaba envuelto en un escándalo de corrupción.

Pero en su gestión también hay aspectos positivos que son difíciles de negar. En los últimos cuatro años la economía ha tenido un crecimiento medio del 5% -aunque la distribución per cápita sigue siendo muy desigual- y se ha formado una creciente clase media negra. También ha tomado medidas para aumentar el empleo, aunque han resultado insuficientes. Además ha hecho una política exterior muy favorable para el país.

Muchos han objetado la manera en que el ANC ha obligado a dimitir a Thabo Mbeki. Después de estos momentos turbulentos, se ha comenzado a hablar de una posible fractura en el partido mayoritario que terminara por crear un partido nuevo, idea que mucha gente ha acogido con satisfacción.

Lo que ha calmado temporalmente las aguas ha sido la acertada elección de un presidente de transición, Kgalema Motlanthe, que inspira confianza, un hombre de carácter reflexivo, abierto al diálogo. Motlanthe anunció en su primer discurso como presidente que seguirá la política económica de su antecesor, lo que también calmó la intranquilidad de muchos en el sector económico.

Jacob Zuma no podía llegar al poder en estos momentos, pues la Constitución establece que para ser elegible como presidente hay que ser parlamentario. Pero queda abierta la posibilidad de que acceda al poder tras las próximas elecciones de abril de 2009.

La tentación de emigrar

Ante esta posibilidad, muchas personas con una posición acomodada o de clase media (blancos en su mayoría) han comenzado a considerar la perspectiva de emigrar. En estos últimos años también la emigración de personas de las otras razas va en aumento progresivo (aunque no es fácil cuantificarlo por la falta de registro del movimiento migratorio, que se está intentando contabilizar).

El miedo radica en que, aunque el posible candidato a la presidencia ha prometido seguir con una política económica liberal, ya ha hablado de estatización u otras políticas semejantes y es conocida su “amistad” con el ala izquierdista. Además su mayor apoyo proviene de “las masas”, que en ciertas ocasiones se han mostrado violentas al punto de decir “matamos por Zuma”.

A la inestabilidad política se suma la inestabilidad económica y social a causa de varios factores. En primer lugar, el desempleo: el índice oficial es un 23%, pero en realidad parece que puede ascender a un 40%, si tenemos en cuenta a los trabajadores desanimados de buscar empleo; además, desde 2001 la tasa de paro apenas se ha reducido tres puntos porcentuales.

Otros problemas son el alto índice de criminalidad, con casos de brutal xenofobia contra inmigrantes; la emigración de las personas capacitadas y la inmigración ilegal o legal de millares de africanos de países vecinos que escapan de situaciones miserables y llegan a Sudáfrica a vivir en condiciones deplorables y a competir por un trabajo con un alto número de sudafricanos negros. Se nota la falta de capacitación profesional y los problemas de interrelación humana. El sida sigue afectando duramente al país, con las consecuencias que trae consigo (huérfanos, entre otras).

El impacto de la emigración no es solo el éxodo de la gente capacitada. También merma la recaudación de impuestos para cubrir tantas necesidades en el país, especialmente de las personas que se encuentran en una inferioridad de condiciones alarmante desde el punto de vista económico y educativo.

Qué país queremos

Un problema acuciante son las infraestructuras, cada vez más dañadas. La situación ha empeorado este año por la escasez de energía eléctrica, que hizo quebrar o cerrar a más de una compañía.

Los políticos sudafricanos, como en tantos países de África o del mundo en desarrollo, tendrán que luchar contra la creciente corrupción y comenzar a ver con más seriedad el “tipo de país” que quieren ser. Se habla de libertad, pero no saben dónde quieren ir ni se quiere cargar con las consecuencias. Se quieren liberar del sida, pero no quieren cambiar o fomentan estilos de vida que, lejos de luchar contra la infección, la favorecen (como, por ejemplo, el mercado de la pornografía, que crece de día en día); quieren ser un país próspero, pero sacando la mayor tajada que pueden de un modo individual. Quieren reducir el crimen, pero no ven la importancia de fortalecer las estructuras familiares donde se transmiten los valores humanos y solidarios.

El largo camino hacia la libertad, como se titula el famoso libro de Mandela, el héroe de la “Rainbow Nation”, requiere replantearse puntos básicos como son: valores morales, solidarios y humanos; familia, educación, compromiso, responsabilidad… En Sudáfrica también hay muchas personas que quieren invertir la vertiginosa caída del país (muchos hablan de “no querer ser otro Zimbabue”). Por eso se puede hablar de esperanza.

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