África no responde a las purgas del Banco Mundial

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Duración lectura: 2m. 27s.

El Banco Mundial reconocía en un reciente informe que las políticas de ajuste estructural no están teniendo éxito en las economías del África subsahariana. Otro estudio de Oxfam -ONG británica- publicado en abril afirma también que los planes de estabilización no han servido para inducir un nuevo crecimiento económico ni para reducir la pobreza. Se comprende, pues, que en África haya una creciente reticencia, cuando no hostilidad, frente a las reformas económicas propugnadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Estas reformas, dirigidas a introducir los mecanismos de mercado en economías estatalizadas, tienen un patrón común: dejar libres los precios, reducir el déficit de las finanzas públicas, suprimir subsidios, devaluar la moneda, liberalizar el comercio y privatizar las empresas públicas deficitarias. Pero, como informa The Economist (1-V-93), después de varios años de aplicar estas recetas, se pueden contar con los dedos de una mano los países donde han tenido éxito (Ghana, Burundi y la isla Mauricio son algunas felices excepciones). En cambio, en los países más importantes, el descontento social ante las penalidades del ajuste no ha podido ser compensado con algunos triunfos en el progreso económico.

El propio Banco Mundial admitía esta realidad en un reciente informe titulado: “Por qué el ajuste estructural no ha tenido éxito en el África subsahariana”, título que luego se cambió por otro más suave. Según declaraciones que recoge la revista británica, los economistas del Banco alegan que la liberalización del comercio y de los precios agrícolas sí ha beneficiado a los campesinos, que ahora obtienen un precio mucho más rentable de sus cosechas. También aducen en su defensa que, si el ajuste no ha funcionado, en gran parte se debe a que los gobiernos no han aplicado a fondo esas políticas: Kenia y Zimbabue, por ejemplo, se resisten a privatizar empresas públicas y otros países a liberalizar los precios.

Por otra parte, a comienzos de los años noventa, dos acontecimientos han complicado las reformas: los inicios de la democratización han hecho más cautos a los gobiernos respecto al descontento que podía provocar el ajuste; y la recesión de los países ricos ha frenado el crecimiento de las economías africanas.

Pero los responsables del Banco Mundial reconocen que también ellos han cometido errores. Ahora advierten que es importante proteger a los más débiles de los costes sociales de la estabilización económica. Pues, con frecuencia, los gobiernos están antes dispuestos a recortar los subsidios sociales que los gastos militares. También comprenden que es preciso implicar más a los gobiernos en el diseño de estas reformas, para que no las vean como una purga impuesta por los organismos internacionales que tienen los cordones de la bolsa.

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