Deja que África te hable

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La cara oculta de un continente
El África que encontramos en los periódicos suele ser el de las luchas tribales, la pobreza, los golpes de Estado. En cambio, apenas nos llega esa otra visión, también real, de la normalidad, del día a día vivido pacíficamente en muchos países del continente africano. Y esa África tiene un mensaje valioso para Occidente. Deja que África te hable (1), proponen dos kenianas y una española “africanizada” en un libro que quiere transmitir lo que no dudan en llamar el humanismo africano y la encarnación en él del cristianismo en este fin de siglo.

Las vivencias de las autoras representan bien la interacción entre África y el exterior. Esther Toranzo, doctora en Derecho, fue a Kenia en 1965, cuando un pequeño grupo de mujeres venidas de Europa iniciaba el trabajo apostólico del Opus Dei en el país. Su mensaje de buscar a Dios en la vida ordinaria se plasmó, entre otras cosas, en la creación de instituciones educativas dedicadas a la formación de la mujer, cuando el país empezaba el despegue de la independencia. Pero estas europeas trasplantadas a Kenia tenían, a su vez, afán de aprender de las kenianas, de adaptarse a sus costumbres, de trabajar juntas. Berny Okondo y Lidya Waithira son dos kenianas que han hecho suyo ese espíritu del Opus Dei, lo viven con aire africano y trabajan en esas instituciones educativas que entonces se crearon. Ahora han aportado su visión en este libro para explicar afuera verdades profundas y atractivas de Africa.

Berny Okondo

Berny Okondo ha estado en Madrid para presentar el libro. Originaria de la zona del lago Victoria (Nyanza), nació al final de la Segunda Guerra Mundial en el seno de una familia numerosa de la tribu waluhya. Uno de sus antepasados luchó contra los comerciantes de esclavos, ganándose a pulso el nombre de su clan (Okondo significa “el que defiende”). Su padre fue el primer católico de su zona y encaminó, a través de la catequesis, a muchos hacia el bautismo (entre ellos a la que sería su mujer, una joven de la tribu Luo).

Siempre animó a sus hijos y a sus hijas a continuar sus estudios fuera de casa, cuando pocos lo hacían. Berny Okondo estudió en Kianda College y Kenya Polytechnic en Nairobi. Después puso en marcha, junto con Esther Toranzo, la escuela de hostelería Kibondeni School.

– En Occidente hay a menudo un buen deseo de colaborar en el desarrollo africano, dando por supuesto que se sabe lo que África necesita. Pero ¿qué espera África de Occidente?

– Sin lugar a dudas queremos colaboración, pero sin condiciones impuestas; podrían echarnos una mano, pero sin pedirnos que traicionemos nuestro modo de vida. África puede difundir sus propios valores y hallar en los países más ricos un complemento a su filosofía. Es necesario discernir en las influencias que vienen de fuera lo positivo, lo indiferente y lo incompatible con nuestra propia cultura, sin dejarse deslumbrar por todo lo que proviene de Occidente. Muchos ciudadanos de Kenia se dan cuenta de la progresiva erosión de los valores africanos, pero no saben qué medidas tomar. En Nairobi un grupo de padres de familia se ha asociado para educar a sus hijos en esta línea de apertura crítica y conservación de la cultura africana.

De momento, la ayuda que Kenia está recibiendo de Europa y del resto de Occidente está condicionada y en cierta medida impuesta. A los africanos nos gustaría que se tuviera más en cuenta nuestra idiosincrasia y que nos pregunten antes si nos interesan determinadas aportaciones.

Lo importante para un africano

– En el libro afirma que la contemplación de la naturaleza ayuda al africano a pensar mejor y dar importancia a lo que la tiene. ¿Qué es importante para un africano?

– Posee gran relevancia la tradición y la perpetuación del clan. Muchas veces, cuando los mayores (“elders”) se sientan para contemplar la puesta de sol o junto al río, donde corre el aire, piensan: “¿qué harán mis hijos y mi clan en los próximos diez años?” Para un jefe de clan es importante que entre sus componentes haya unidad, basada en unos valores comunes.

– Sus padres tuvieron doce hijos, además acogieron a tres huérfanos y ayudaron, a través de pequeños negocios, a gente necesitada. ¿Qué concepto se tiene en África de la riqueza?

– Es rico quien tiene lo suficiente para comer y ayudar a los vecinos; para ello es necesario poseer una cantidad adecuada de tierra y ganado, según el tamaño de la familia; también se considera rico al que puede pagar los estudios de sus hijos. En Nairobi, el concepto de riqueza está cambiando, significa para algunos mayor poder adquisitivo.

La situación actual de la mujer

– ¿Ha mejorado la situación de la mujer en su país durante los casi 35 años de independencia?

– Ahora la mujer posee un lugar más definido en la sociedad: puede participar en la vida pública, expresar sus opiniones y hacer respetar sus derechos. Los hombres están aceptando esta realidad progresivamente. En esta línea, es destacable que desde hace cinco años las mujeres tienen derecho a heredar; según la ley consuetudinaria, las mujeres no necesitaban heredar porque al casarse compartían los bienes del marido, y éste se encarga de pagar la dote (no el padre de la novia, como en otros países).

En Kenia no hereda lo mejor o la mayor parte de los bienes el primogénito; a éste le corresponden las tierras situadas a la derecha de la casa familiar (sea una propiedad grande o pequeña); al segundo, las de la izquierda; y el resto hereda si el padre posee bienes fuera del lugar donde viven.

La situación de la mujer en Kenia está evolucionando con gran rapidez. Además, se tiene un gran respeto hacia la mujer en mi país. Desde la Conferencia de Pekín, las feministas hablan mucho sobre los derechos de la mujer africana, pero en Kenia preferimos hablar de lo que afecta a los hombres y mujeres concretos.

– ¿Qué sentido tiene la poligamia en Kenia, ahora que esta práctica está en regresión, sobre todo en las ciudades?

– La poligamia va contra la dignidad de la mujer. Sin embargo, hasta la época de mi abuelo, mucha gente encontraba un sentido a la poligamia. Esta aseguraba la amplitud de los clanes y tribus en una etapa de luchas internas constantes, a las que acudían la mayoría de los hombres; los que quedaban en los poblados se unían a las viudas para evitar su desprotección. Mi padre me explicó este sentido tradicional, pero siempre me aclaró que la poligamia no es razonable. Pienso que su práctica se extinguirá poco a poco.

En África hay un solo Dios

– ¿Cómo es la situación actual en Kenia desde el punto de vista religioso?

– La mayoría de los habitantes de mi país son cristianos, entre los que hay más protestantes que católicos. En la costa del Índico hay musulmanes y también indios dedicados al comercio.

En Kenia todavía hay paganos, personas que no conocen el cristianismo pero que, sin embargo, creen en un único Dios al que llaman “Were”, término común a todas las tribus (en otras lenguas nativas se le denomina Mungu o Ngai); suelen acudir a rezar a determinados parajes, montañas, árboles, etc., que consideran sagrados. En algunas ocasiones dicen comunicarse con sus antepasados difuntos. Por ejemplo, con motivo del nacimiento de un niño colocan a dos gallos sobre un tejado y le dan a cada uno un nombre: el recién nacido tomará el nombre del primer gallo que aterrice en el suelo. No es propiamente una práctica espiritista; sólo buscan un mensaje en cosas materiales de su entorno.

– Juan Pablo II ha visitado muchas veces África y también Kenia. Suele hablar de la “inculturación” del cristianismo. ¿Qué dificultades ha tenido el mensaje evangélico para unirse a las culturas de Kenia?

– En mi país ha costado desarraigar entre los cristianos la costumbre de acudir al médico-brujo y otras semejantes. En la actualidad, sin embargo, tenemos ya muchos obispos y sacerdotes africanos que comprenden perfectamente la raíz de esas prácticas y pueden explicar de modo asequible por qué no son compatibles con la fe cristiana. La inculturación es un hecho en el terreno litúrgico: durante la misa hay cánticos, bailes y ofrenda de dones, de acuerdo con nuestras tradiciones. Está en estudio la posibilidad de ir modificando las vestiduras de los sacerdotes por otras realizadas con telas y colores típicos.

– ¿Qué significa para una familia de su país la posibilidad de que uno de sus hijos o hijas no se case para dedicarse a Dios y a los demás?

– Lo entienden bien, a pesar de que en Kenia casarse y tener hijos es importante. Pienso que se captó correctamente el sentido del celibato gracias a los primeros misioneros católicos de mi país: el sacerdote es una figura venerada por la mayoría.

En Kenia hay muchos matrimonios cristianos que deciden tener familias numerosas; cuando hay varios hijos, la mayoría se casan, pero no es extraño que alguno se dedique a Dios por entero: se ve con normalidad. También los hijos son un bien para cualquier familia, aunque no sea creyente: tenerlos significa aumentar el clan, contar con más brazos para cultivar la tierra, ser bien considerado por los vecinos y contrarrestar la mortalidad infantil. No obstante, desde hace años en Kenia hay planes intensivos de planificación familiar ligados a ayudas al desarrollo que vienen del extranjero. Sin embargo, pervive la idea de que los hijos son un bien: los padres no sólo les han dado la vida, sino una educación, el respeto por las tradiciones y toda su experiencia.

El Opus Dei con rostro africano

– ¿Cómo y cuándo conoció usted el Opus Dei?

– Yo estaba terminando mis estudios de secundaria en una escuela lejos de mi casa. Otra de mis hermanas conoció el Opus Dei en Nairobi y escribió a mi padre diciéndole que deseaba formar parte de esta institución. Mi padre se informó y me envió una carta por si me interesaba conocer ese camino nuevo, que consistía en vivir plenamente el cristianismo en medio de los afanes de cada día; me decía también cómo el estudio era medio de santidad, tal y como se lo explicó Olga Marlin, una de las primeras mujeres que empezaron el Opus Dei en Kenia.

Antes de comenzar los estudios superiores en el Kenia Polytechnic tenía varios meses por delante, y mi hermano mayor, atraído por el prestigio de Kianda College, obra corporativa del Opus Dei, me animó a realizar unos cursos de mecanografía. Allí conocí a fondo el espíritu de la Obra y al poco pedí la admisión.

– Usted ha trabajado desde 1966 en la Escuela Kibondeni, que actualmente dirige. ¿Podría hablar del origen y situación actual de esta escuela de hostelería?

– “Kibondeni” es una palabra en lengua kikuyu que significa “el valle donde todo crece muy deprisa”. Es una escuela de administración doméstica y de colectividades.

Las primeras del Opus Dei llegaron a Kenia en 1960, antes de la independencia del país. Trabajaron profesionalmente en proyectos de gran interés para las mujeres del país, cubriendo sus demandas en un momento de transición: se necesitaba personal cualificado para hoteles, secretarias que reemplazaran a las británicas…

En Kibondeni inicialmente se procuró elevar el nivel educativo de las chicas que venían de los poblados; poco a poco nuestras alumnas se hicieron hueco en las cocinas de grandes hoteles, hospitales, centros educativos, tarea reservada hasta entonces a hombres. El siguiente escalón fue confeccionar un programa de administración doméstica dirigido a las escuelas de secundaria por encargo del ayuntamiento de Nairobi: este programa ha sido adoptado por el Ministerio de Educación para todo el país y las profesoras formadas en Kibondeni pueden impartir clases en escuelas privadas y estatales. Es frecuente además que otras instituciones educativas se entrevisten con personal de Kibondeni para pedir orientación.

Actualmente estudian en Kibondeni 200 alumnas. Se preparan para realizar trabajos de hostelería en colectividades. En nuestro centro realizan sus estudios teóricos, que aplican en una escuela para niños adyacente (Strathmore School) y en las Escuelas Técnicas Universitarias Strathmore College y Kianda College de Nairobi.

– ¿Qué motivos le han impulsado a escribir, en colaboración con Esther Toranzo y Lydia Waithira, Deja que África te hable?

– Me animé a poner por escrito mi aportación personal después de que apareciera el primer libro de Esther Toranzo, En el corazón de Kenia. Son publicaciones complementarias, que siguen líneas distintas: el primero recoge las vivencias de la autora y es un testimonio del inicio del trabajo de las mujeres del Opus Dei en el país a partir de los años 60; el segundo se dedica especialmente a divulgar los valores africanos y, en concreto, cómo se introdujo el cristianismo en nuestras tribus.

– ¿Qué ha supuesto el trabajo de gente del Opus Dei en su país?

– Pienso que las personas del Opus Dei que empezaron a trabajar en Kenia no trajeron cosas materiales, sino un espíritu que forma a la gente para mejorar humana y cristianamente. En Kenia se ha entendido el espíritu del Opus Dei porque enseña a rezar en cualquier parte y situación; no es necesario ir a la iglesia de la misión, a muchos kilómetros de distancia, para estar cerca de Dios: quizá por este motivo, en mis viajes por todos los rincones del país, me he encontrado gente que me ha dicho “nosotros también somos gente de Josemaría”, aludiendo al Fundador de la Obra.

De la vida tribal a la urbanaEl paso de la vida en el campo a la vida urbana ha supuesto cambios que el libro examina

En la evolución de la vida tribal a la vida urbana actual, el papel de la mujer -aunque se ha ampliado- básicamente continúa estando en el hogar y los hijos.

En cambio, en el hombre la diversificación ha sido profunda. Ya no es hoy el héroe que caza animales salvajes, ni el guerrero que defiende la tribu, ni el mejor luchador en las competiciones de hombres entre las aldeas del clan; no es jefe en la familia extensa, ni legislador y consejero del Consejo de Ancianos. (…)

Incluso en su hogar, el hombre de hace años -y el actual que vive en el campo- vive solo en su gran hut, rodeado de los huts más pequeños de sus mujeres e hijos; rodeado -pero independiente- de la riqueza de sus tierras, animales y graneros que han trabajado sus mujeres y sus hijos, y que le pertenecen.

Para el hombre, el cambio al urbanisno de hoy es fuerte: casa familiar, vida junto a los colegios y llanto de niños; cuentas bancarias compartidas, necesidad de ayudar en el hogar. El hombre necesita encontrar su sitio de hombre en “lo externo” de esta situación, porque, en lo íntimo, la relación marido-mujer, padres-hijos no ha cambiado. En el corazón de la mujer africana, en el respeto grande de los hijos, el padre sigue siendo el señor y rey de su casa.

Pero, ante todo, el marido ama a su mujer, a su hogar, a sus hijos; la familia es el centro de la vida; la fuerza y el lugar estable en la vida. (…)

Lleva Kenia, y África, muchos años padeciendo campañas antinatalistas; en la última farmacia del lugar más remoto, aunque falte penicilina, habrá, con seguridad, píldoras anticonceptivas. Sin embargo, las parejas tienen sus hijos pronto, en cuanto se casan. Aunque sean estudiantes, por ejemplo, no piensan que al terminar la carrera y establecerse, engendrarán a sus hijos. Quieren los hijos al casarse. No piensan, no conciben otra cosa: no la desean.

Debido a las campañas anticonceptivas, en las ciudades, y entre las familias más acomodadas, ha disminuido el número de hijos. Pero la propaganda del hijo y la hija únicos, junto a sus padres elegantemente vestidos, no tiene popularidad en la sociedad actual. Y las familias, sobre todo si son católicas, siguen siendo numerosas.

En toda la tradición africana, el matrimonio es un asunto, un acontecimiento, de la comunidad. Aunque la pareja tenía capacidad de elección, se orientaba esa elección para evitar que los propios hijos pudieran casarse con personas indeseables, por estar emparentadas, por ejemplo, con familias que practicasen la hechicería o fueran ladrones, bebedores… (…).

Si existe alguna dificultad seria entre marido y mujer, los padres de ambos tratan de resolverla, intentan con calma solucionarla. Con este apoyo se fundamenta, en gran parte, la estabilidad de la familia africana. (…)

El matrimonio se concibe para toda la vida. El cuidado de los propios padres mayores es querido y sagrado. La poligamia -sobre todo en las ciudades- va decreciendo.

Beatriz Comella_________________________(1) Esther Toranzo, Berny Okondo y Lydia Waithira. Deja que África te hable. Rialp. Madrid (1997). 207 págs. 1.700 ptas. Anteriormente, Esther Toranzo había publicado En el corazón de Kenia. Rialp. Madrid (1994). 199 págs. 1.800 ptas.

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