Bush traza las claves de la ayuda norteamericana en África

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 3m. 44s.

El presidente norteamericano George Bush ha recorrido algunos países africanos (Benin, Tanzania, Ghana, Ruanda y Liberia) en un viaje de cinco días al continente. Las expectativas abarcaban en principio múltiples ámbitos: desde los intercambios comerciales a la ayuda en campañas sanitarias, pasando por la mediación en los diversos conflictos que sacuden África.

La difícil situación en Kenia era uno de los temas más urgentes en la agenda del viaje presidencial: la cuestión ha estado presente en las conversaciones de Bush con los líderes políticos de los países visitados. Sin embargo, el presidente americano confió la gestión directa del asunto a su secretaria de Estado, Condolezza Rice. Ella manifestó desde el inicio de su visita a Nairobi que su gobierno actuaría en la línea emprendida por el mediador de la Unión Africana, Kofi Annan: presionar al presidente reelegido Mwai Kibaki y a su rival, el líder opositor Raila Odinga, a que acepten un acuerdo para compartir el poder. El anuncio oficial de que se iba a crear el puesto de primer ministro, que sería ocupado por Odinga, puede ser el compromiso esperado.

Otros conflictos abordados por Bush en sus conversaciones con los gobiernos africanos han sido la crisis de Darfur y la situación de Zimbabue.

El núcleo del viaje era la visita a Tanzania, donde el presidente Bush y su homólogo tanzano, Jakaja Kikwete, firmaron un contrato de 698 millones de dólares por el que Estados Unidos ayudará a este país a construir carreteras, ampliar la red de distribución de electricidad y mejorar el abastecimiento de agua potable en los próximos cinco años.

También en Tanzania Bush abordó la cuestión de la lucha contra la malaria y el sida. Promocionó allí el programa norteamericano contra la malaria. Dicho programa está dotado con 1.200 millones de dólares y tiene como objetivo reducir a la mitad las muertes por paludismo en 15 países africanos antes de 2011.

La Organización Mundial de la Salud se ha congratulado por el anuncio hecho por Bush de que Estados Unidos dedicará 350 millones de dólares a lo largo de cinco años para combatir siete de las más importantes enfermedades tropicales “olvidadas”, así calificadas porque afectan a pacientes pobres y son poco atractivas para que los laboratorios dediquen dinero a investigar sobre ellas.

Abstinencia y fidelidad en la lucha contra el sida

Bush defendió asimismo el plan presidencial de lucha contra el sida, que procura combatir la pandemia mediante la provisión de tratamiento antirretroviral a portadores de VIH y promoviendo mejoras al acceso de los pacientes a los servicios de salud. El programa presidencial defiende y apoya la estrategia ABC, siglas en inglés de abstinencia, ser fiel y condón. “Es un programa equilibrado que ha demostrado ser eficaz”, afirmó Bush.

El presidente estadounidense ha pedido al Congreso que doble la financiación de su plan de unos 15.000 millones de dólares en cinco años, que ya es el más cuantioso jamás aprobado por un país para luchar contra una enfermedad infecciosa. En el Congreso ha encontrado la oposición de algunos sectores, que critican el excesivo énfasis del plan en promover el retraso en el inicio de las relaciones sexuales en los jóvenes y la fidelidad de las parejas. Contestando a esta oposición, Bush pidió a los legisladores estadounidenses que “escuchen a los líderes del continente africano, analicen y vean cómo funciona, y que dejen de disputar y permitan que el programa vuelva a ser autorizado”. En su visita a Ghana, Bush contestó a las preguntas de los periodistas locales sobre la estrategia de la abstinencia, y dijo que “se están comprobando sus resultados y, si viéramos que no funciona, cambiaríamos la estrategia, pero está teniendo una increíble eficacia y por eso queremos mantenerlo”.

En su encuentro con los periodistas en Ghana, también hubo tiempo para tratar otros temas. El presidente intentó salir al paso de algunas suspicacias que acusaban al presidente de ocultar intereses colonialistas en el viaje. Según afirma el New York Times, en el trasfondo de dicha desconfianza está un presunto interés del Pentágono por establecer tropas en África, así como una supuesta voluntad de ganarse el favor de las regiones africanas productoras de petróleo, para así frenar las ambiciones chinas en la zona.