Adolescentes hiperconectados

Un estudio hecho en una veintena de institutos de Cleveland (EE.UU.) relaciona el uso excesivo de algunas de las formas de comunicación más propias de los jóvenes (SMS, redes sociales) con conductas de riesgo como el consumo de drogas y alcohol, agresividad o tendencias suicidas.

El trabajo (“Hyper-texting and hyper-networking: A new health risk category for teens?”), realizado por la Case Western Reserve University, se centra en dos anomalías propias de la comunicación juvenil: el hyper-texting -mandar más de 120 mensajes a través del móvil por día lectivo- y el hyper-networking -pasar más de tres horas diarias en páginas de redes sociales-. Entre los 4.400 alumnos de instituto entrevistados abundan más los que abusan de los mensajes de móvil (uno de cada cinco) que los enganchados a las redes sociales (uno de cada nueve).

El perfil del adolescente “hiperconectado” responde a varias características: pertenece a una minoría social, es con más frecuencia mujer, sus padres tienen un nivel educativo bajo y vive bajo la tutela de solo uno de sus padres, la madre por lo general.

La mayoría de las conductas asociadas con el exceso de comunicación presentan tasas similares en los dos grupos: los que abusan del mensaje y los que abusan de las redes sociales. Así, entre los primeros es un 90% más frecuente tener cuatro o más parejas sexuales; se ven involucrados en peleas un 55% más que sus compañeros; consumen alcohol asiduamente en un 41% más de casos; fuman más (40%) y recurren a las drogas con mayor frecuencia (41%). Además, otro estudio, del Pew Reseach Center, señala que un tercio de los conductores de 16 y 17 años tienen costumbre de mandar mensajes mientras conducen.

Por su parte, los jóvenes que dedican más de tres horas diarias a las redes sociales también consumen más droga (84%), se pelean más (94%) y han tenido cuatro o más parejas sexuales (60%). El abuso de las redes sociales está asociado también con un mayor índice de estrés, depresión, tendencias suicidas, problemas de sueño y consumo excesivo de televisión.

En cuanto al comportamiento de los padres, la gran mayoría de los jóvenes con problemas de “sobrecomunicación” afirman que han sido permisivos con ellos en el uso de la tecnología.

Se podría pensar que estos jóvenes serían expertos, al menos, en mantener relaciones sociales. Sin embargo, según el estudio de la Case Western Reserve University, los hiperconectados son más influenciables por la presión de sus compañeros, lo que no es buen indicio de socialización.

La actual generación de jóvenes es la más interconectada de la historia y, sin embargo, los problemas asociados a la incomunicación no dejan de crecer. El problema, con todo, no es de ahora: hablar mucho nunca ha sido sinónimo de entenderse.

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