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GÉNEROS JUEGOS

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Coincidiendo con su 25 aniversario, la famosa recreativa nipona sufre una profunda actualización sin renunciar a sus elementos clave. Aunque se haya encargado su desarrollo a un equipo norteamericano, la supervisión concienzuda de Osaka es garantía de calidad.

Haciendo honor a la franquicia, se trata de un juego de acción y plataformas con avance lateral. Controlando a Hiryu, un ninja del futuro con increíbles habilidades físicas, capaz de trepar por casi cualquier superficie, hay que barrer de enemigos cada zona y derrotar a los jefes y subjefes que contenga para seguir avanzando.

El objetivo final es derrocar al tirano alienígena del régimen soviético que esclaviza al mundo del mañana. No hay un guión elaborado detrás ni lo necesita, aunque la trama da algunas vueltas. Es loable el esfuerzo por mostrar la opresión a través de escenarios, personajes y propaganda sonora, puesto que aporta más contexto que nunca. Afortunadamente, y a diferencia de las dos entregas anteriores, solo se muestran desmembramientos a robots con cortes limpios de la espada del protagonista.

Junto al armamento clásico de Hiryu –una espada de energía (plasma) y las invocaciones a tres ayudantes robóticos–, ahora hay dagas de largo alcance, nuevas habilidades físicas y tres tipos de plasma adicionales. Las variantes de plasma, representadas según el color de la luz que emite el personaje, confieren a los ataques nuevas propiedades como la congelación o la ignición, además de permitir el acceso a nuevas zonas. Aparte de la interesante mecánica de exploración que suscita, es en combate donde mejor se exprimen las cualidades del plasma, pues cada enemigo acepta y repele un tipo concreto de ataque.

Con tantas opciones de combate, se agradece que los controles sean asequibles: activar tanto las armas como las habilidades de Hiryu es un proceso natural. El propio juego enseña progresivamente a usarlas aunque se requieren destreza y reflejos propios de los años ochenta. La acción es intensa y todo se mueve deprisa. Por suerte, el juego ofrece puntos de guardado y alternativas para recuperar salud y energía.

Otra diferencia sustancial reside en el propio mapa, ahora un gran mundo interconectado por el que ir y venir en vez de misiones aisladas como de costumbre. Con la fascista ciudad de Kazakh como telón de fondo, sus distintos barrios homenajean misiones clásicas de la saga buscando la verosimilitud dentro del conglomerado.

Para ser un juego descargable, sorprende también su nivel técnico y artístico, que exprime cada una de las plataformas en las que corre. Es especialmente destacable el sonido envolvente que ayuda a situar, e incluso anticipar la acción.

Una compra recomendada para aficionados al género que gustará especialmente a los más talludos y sobre todo a los fans. Si se puede escoger, mejor jugarlo en un ordenador potente o en consolas de nueva generación, porque así se alcanzan las mayores cotas de nitidez y fluidez, esto último esencial para la carga de acción en pantalla.