Street Fighter X Mega Man

GÉNEROS JUEGOS

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La industria japonesa es proclive a mezclar sus franquicias más populares, máxime en aras de un festejo. Street Fighter X Mega Man sigue esta máxima y celebra el 25 aniversario de dos de las sagas más veteranas de Capcom.

Contra todo pronóstico, el juego no está desarrollado por la empresa madre aunque cuenta con su supervisión y reconocimiento oficiales. Es obra de un aficionado singapurense que lo comenzó por su cuenta y lo presentó a la compañía, que decidió apoyarlo con fondos y publicidad a fin de festejar con él ambos aniversarios.

El lanzamiento se produjo estrictamente online y sin coste alguno con ánimo de evaluar la viabilidad de la franquicia Mega Man. A juzgar por el colapso de varios días en sus servidores, cabe concluir que sigue despertando entusiasmo entre los aficionados pese a su desfasada propuesta.

En esencia, el juego luce y se comporta como un título retro de finales de los 80: tiene un formato de pantalla cuadrado, todo está hecho con píxeles y colores planos, la música es sintetizada (aunque sumamente inspirada) y consiste en avanzar lateralmente evitando obstáculos y derrotando enemigos.

Mega Man, el robot protagonista, dispara bolas de energía con su brazo-cañón además de poder saltar y deslizarse por el suelo. Pero su mayor cualidad es la de asimilar los poderes de los jefes finales de nivel que derrota (en este caso luchadores de toda la historia de Street Fighter) para que le ayuden a superar porciones del resto de niveles.

Esta mecánica da una falsa imagen de libertad al permitir la selección de nivel cuando lo cierto es que hay un orden establecido para progresar con éxito. Pero no es el único elemento que soporta la legendaria dificultad de la saga: las múltiples trampas y enemigos, la reaparición de estos al volver a una estancia, la escasez de objetos de ayuda y la debilidad específica de cada jefe final pondrán a prueba constantemente el tesón del jugador.

Aun con los obstáculos citados y la completa ausencia de una trama que incite a seguir adelante, el juego resulta encantador. Sus múltiples homenajes, secretos y el simpático diseño chato de los personajes logran sobreponerse a su draconiana mecánica. Más aún en su segunda versión (ya disponible), que añade nuevas situaciones, arregla fallos y reintroduce el viejo sistema de contraseñas que permite continuar la partida en otra sesión (el original obligaba a completarlo de una sentada).

No será la entrega más inspirada de la franquicia pero es un incalculable regalo para los fans en una época en la que compañías como la citada venden sus juegos en partes para recaudar aún más. Recomendable para jugadores de todas las edades por lo inocuo de su contenido, aunque los mayores lo valorarán más por su nostalgia y habilidad.