Tolkien: hombre y mito

TÍTULO ORIGINALTolkien: Man and Myth

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Minotauro. Barcelona (2000). 256 págs. 1.400 ptas.Traducción: Estela Gutiérrez.

La obra del autor de El Señor de los Anillos ha suscitado un amplio interés, renovado en los últimos años. J.R.R. Tolkien, filólogo, profesor de anglosajón y escritor, desarrolló su labor académica en Oxford y continuó escribiendo sus historias relacionadas con la Tierra Media -el mundo imaginado por él- hasta su muerte en 1973, a la edad de 81 años. Esta reciente biografía señala un nuevo hito en el estudio de la influencia literaria de Tolkien en la actualidad.

Pearce, biógrafo de autores como G.K. Chesterton, Hilaire Belloc y C.S. Lewis, destaca la inspiración lingüística que presidió la creación de los mundos imaginarios de Tolkien. Como señala Pearce, Tolkien suscitó perplejidad y admiración al relatar (en sentido etimológico: volver a contar), en pleno siglo XX, lo que muchos habían perdido de vista en un mundo cada vez más industrializado. Esta biografía subraya la estrecha relación entre la existencia del autor y su forma de entender el “mito” como “narración”, como el arte de contar historias hermosas. Tolkien buscó a través del mito un modo de expresar verdades que, como señalaba su amigo C.S. Lewis, no podían plasmarse quizá de ninguna otra forma. Para Tolkien, escribir fantasía no era huir de la realidad, sino un intento de encontrar la épica que se esconde en lo cotidiano. Como profundo conocedor de la obra de Chesterton, Pearce resalta en este punto el paralelismo entre ambos autores.

El papel crucial de la fe en la vida y la obra de Tolkien ocupa un lugar central. Sin buscar analogías y, sobre todo, sin establecer un paralelismo alegórico entre ciertos elementos narrativos de la obra tolkieniana y las realidades espirituales en las que Tolkien, como católico, creía, Pearce busca la raíz de sus concepciones literarias en la síntesis entre el erudito (el scholar) y el narrador de cuentos (storyteller). Destaca también la interacción entre el erudito, el padre de familia y el soldado. Es un hecho reconocido que el interés de Tolkien por escribir historias radicaba en su deseo de divertir a sus hijos, y de divertirse él mismo. Fue el cariño del “padre detrás del mito”, como afirma Pearce, lo que dio lugar a El Hobbit y, más tarde, al entrelazamiento de relatos que conformaron la tradición subcreativa -término acuñado por Tolkien, con el que se refería a la tarea del escritor que inventaba un mundo imaginario, profundamente deseable- de la Tierra Media.

Del padre detrás del mito salta Pearce a la explicación pormenorizada de la amistad de Tolkien con C.S. Lewis, Charles Williams, Owen Barfield, Hugo Dyson y otras personas más o menos vinculadas al ámbito académico de Oxford, los autodenominados Inklings. El estudio del itinerario del erudito en busca de la verdad que se esconde en los mitos concluye con una coda en la que Pearce analiza las opiniones de Tolkien sobre la crítica -y su cierta aversión hacia ella- y los años finales en la vida del autor.

En esta biografía cabe echar en falta un análisis más certero del papel que desempeñó la inspiración artística en la vida y el trabajo de Tolkien como conductor de una síntesis entre filología y literatura. El libro apenas añade datos nuevos a los ya conocidos a través de otras biografías. Pero tampoco es ése su intento. No es un ensayo de hermenéutica, sino un retrato, amable, de un personaje egregio en la historia de la Literatura.

Eduardo Segura

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