Teología moral

Aurelio Fernández

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Ediciones Aldecoa. Burgos (1992-1993). 3 volúmenes (829, 873 y 879 págs.). 12.000 ptas. (4.000 ptas. cada volumen).

Un tratado de teología moral que supera las 2.500 páginas no está destinado a ser un best-seller ni una obra para el gran público. Pero ello no impide que sea una obra de verdadero interés en cualquiera de sus tres posibilidades de uso: estudio, lectura y consulta. ¿Por qué? Pueden aducirse bastantes razones, de entre las que destacan tres.

La primera es el enfoque. El autor es consciente de las acusaciones que se hacen a la moral católica por haber caído en la red del aristotelismo y ser poco más que una prolongación de Aristóteles. También es consciente de la invitación del Concilio Vaticano II a fundamentar sólidamente la teología moral en las fuentes de la Revelación, sobre todo la Sagrada Escritura. Y es en el extenso manejo de la Escritura donde Fernández se mueve con mayor soltura, mostrando un gran nivel de exégesis. Ésta es su diferencia -y su aportación- con respecto a los manuales más “clásicos”. Puestos a elegir, prefiere no detenerse en el detalle -la diversidad de conductas- y sí en la fundamentación. Como pone de manifiesto la reciente encíclica Veritatis splendor, la crisis actual no es de casuística, sino de conceptos básicos. Y, en buena lógica, cuando las premisas son sólidas será difícil equivocarse en el enjuiciamiento de la situación concreta. Si no lo son, en el mejor de los casos, el moralista se pierde con facilidad en la maraña de la casuística.

Es también destacable el sentido didáctico del autor. En una época en la que algunos parecen creer que un lenguaje difícilmente inteligible es señal de pensamiento profundo, el Prof. Fernández da muestras de un sentido común que enseña lo contrario. Consciente además de su utilidad pedagógica, cada lección es encabezada por un esquema y unos párrafos introductorios del planteamiento, y termina con una concisa pero precisa sección de “definiciones y principios”. Basta comprobar su paralelismo con el reciente Catecismo de la Iglesia católica (la redacción de este manual se inició con anterioridad), para apreciar su valor pedagógico.

La tercera característica que se puede subrayar es la actualidad. En los tres años que el autor ha tardado en escribir estos volúmenes, ha ido recopilando datos sobre el estado actual del Magisterio y de la teología, y los ha plasmado en el manual. No quiere ello decir que se acumulen los datos indiscriminadamente. Se hace con orden, valorando cada uno de ellos. Y, por supuesto, el autor no deja de indicar, ante posturas diferentes a las que defiende, cuándo está de acuerdo y cuándo no. Y también, asimismo, cuándo un autor o una opinión debe ser encuadrada en el llamado “disenso”.

El Prof. Fernández ha dividido su manual en tres volúmenes de igual extensión: “Moral fundamental”, “Moral de la persona y de la familia”, y “Moral social, económica y política”. En los tres tomos insiste en poner de relieve la especificidad de la moral cristiana: algo más que la “moral natural”, algo distinto a la llamada “ética civil”. Con todo, para mantener la misma extensión en cada parte, ha preferido no incluir el estudio de los sacramentos desde el punto de vista moral. Al fin y al cabo, resulta inseparable el estudio de un sacramento del estudio de su uso, y de ello se ocupa la teología sacramentaria. Una opción legítima, por tanto, que con todo tendrá sus apologistas y sus detractores.

El mismo autor ha publicado un Breve curso de moral católica (Editora Social y Cultural, Madrid, 1993, 334 págs.) destinado a alumnos de Bachillerato, donde presenta los mismos temas con la sencillez y el método didáctico que requiere un libro de texto.

Julio de la Vega-Hazas

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