Sobrevivir después de Franco

Cristina Palomares

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Alianza. Madrid (2006). 400 págs. 18 €.

El libro “Sobrevivir después de Franco”, lejos de los tópicos habituales sobre una transición a la democracia realizada a golpe de carisma durante la segunda mitad de los años 70, plantea el fortalecimiento y el trabajo de la sociedad civil que se produjo en España a partir de los años 60, y sin la cual hubiera sido del todo imposible el éxito de la transición.

El enfoque habitual suele presentar una transición obra de grandes hombres -el Rey D. Juan Carlos, Adolfo Suárez o Torcuato Fernández Miranda-, o bien señala como auténtica artífice del proceso a la oposición democrática, en gran parte en el exilio. En cambio, Cristina Palomares presenta la transición a la democracia como un proceso lento, abierto y plural, en el que fue fundamental la participación de todos y donde la iniciativa de algunos altos cargos de distintos gobiernos franquistas sentó de manera decisiva las bases del cambio.

Basada en los testimonios de los protagonistas y en una ingente labor de hemeroteca, la obra parte de la existencia de una oposición dividida, reducida, donde el grupo más activo era el PCE, que según las estimaciones más optimistas no superaba los 25.000 miembros, y sin capacidad real para cambiar el futuro del régimen franquista. Era una oposición rupturista y desorientada, con posiciones como la de promover la abstención en el referéndum sobre la ley de reforma política que abrió las puertas a la democracia en España.

En este contexto el libro presenta los esfuerzos de los propios miembros del gobierno, al menos hasta la muerte de Franco, que utilizarán todo tipo de vías hacia una apertura democrática. Se examinan hitos como la ley de asociaciones del 64, la ley de prensa del 66, la Ley Orgánica del Estado del 67 y los intentos de aprovechar al sector familiar de las Cortes franquistas, único que era elegido, a través de la ley de representación familiar del 67 y que, pese a su vinculación indirecta con el régimen franquista, se convirtieron en los primeros procuradores que actuaban con cierta libertad.

Otro de los platos fuertes de esta obra es el análisis en profundidad de las asociaciones y sociedades de estudio que surgieron al amparo de la Ley de Asociaciones de 1967, como el Gabinete de Orientación y Documentación S.A. (GODSA), el grupo Tácito o la Federación de Estudios Independientes (FEDISA). Destaca también la presentación pormenorizada de la vitalidad de otros canales alternativos para la discusión de asuntos políticos que incluían encuentros privados, cenas, publicaciones, grupos de estudio y clubes, sociedades mercantiles y asociaciones culturales.

El libro, quizás como consecuencia del método de investigación y las fuentes consultadas, tiende a adoptar como figura de referencia a Manuel Fraga, aunque en ocasiones sea para criticarlo, y de una forma u otra, gran parte del libro gira en torno a él. En este enfoque se echa en falta la versión de otros personajes claves como los de Areilza, Silva, López Bravo o López Rodó.

Quizás algunas veces da la impresión de que la autora no puede evitar juzgar con el prisma actual las actitudes de la época, un régimen dictatorial en el que hay que leer comportamientos y declaraciones con gran prudencia. La autora aclara lagunas históricas y abre el apetito, para el trabajo futuro de otros investigadores, en cuestiones como el papel de miembros del Opus Dei durante el proceso, papel que resulta cambiante y en ocasiones contradictorio, como si la realidad multiforme de esta institución no encajara en el molde de grupo compacto y continuista que le adjudica la autora. Abre otros campos como el de los “otros” reformistas, aquellos que con la autorización del régimen pero sin ocupar puestos en el gobierno, fueron aprovechando los resquicios de libertad para ir haciendo cuña, y que muchas veces fueron muy por delante de los políticos, o el de la importancia del apoyo internacional de las más diversas ideologías a los distintos movimientos democráticos que se iban despertando en los años 70.

Se trata de una obra en la mejor tradición de la escuela anglosajona de historia, basada en un serio trabajo de documentación, en la que se incluyen autores como Paul Preston, Charles Powell o Richard Gillespie. Una visión didáctica, plural y muy bien documentada de un verdadero proceso, en el que hubo continuas cesiones, incomprensiones, momentos críticos… y en el que, al final, la acumulación de actividades y actuaciones mantenidas por más de veinte años provocó la llegada de la democracia.

Rafael Rubio

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