Sobre la tiranía

TÍTULO ORIGINALOn Tyranny

GÉNERO

Encuentro. Madrid (2005). 270 págs. 25 €. Traducción: Leonardo Rodríguez Duplá.

Leo Strauss, autor que se está intentando recuperar para los lectores de lengua castellana, tuvo una vida dedicada a los clásicos. La mayor parte de su obra consiste precisamente en una exégesis de los escritos más significativos de la filosofía política, en especial de los griegos. En este caso, el estudio del «Hierón» de Jenofonte le sirve para reflexionar sobre la tiranía y contraponer el pensamiento clásico y el moderno.

El diálogo de Jenofonte parte de una situación curiosa. Es el sabio Simónides quien justifica el ejercicio del poder despótico, mientras que Hierón, el tirano, señala sus desventajas. Esto no significa, explica Strauss, que Jenofonte fuera partidario de este tipo de poder, sino que, por medio de la figura del poeta, pretende la mejora de la tiranía. Si la actividad del gobernante se dirige a dar satisfacción a los súbditos, entonces la felicidad de estos últimos puede alcanzarse también en un estado tiránico.

¿Es posible, se pregunta Strauss, la justicia con un gobierno despótico? Desde el punto de vista de la doctrina clásica de la justicia, nada lo impide. Si entendemos que existen elementos de justicia que transcienden el contenido de la legislación positiva, entonces no puede decirse que un tirano haya de ser necesariamente injusto. Esta afirmación chirría para la mentalidad actual. Pero si atendemos a lo que nos enseña la historia, las tiranías de la Grecia clásica no tienen nada que ver con los sistemas totalitarios contemporáneos, justificados en ocasiones intelectualmente y erigidos por medios democráticos.

La diferencia entre la tiranía moderna y la clásica reside, a juicio de Strauss, en que los Estados despóticos actuales cuentan con el arma de la tecnología. Además, los tiranos contemporáneos dejan de orientar su política al bien de los ciudadanos, para centrarse exclusivamente en el ejercicio del poder en beneficio propio.

Strauss, sin embargo, no idealiza el mundo clásico. Los pensadores griegos eran conscientes de la imperfección humana y esbozaron sus proyectos políticos desde una perspectiva realista; en cambio, con la transición a la modernidad, se cae con frecuencia en el idealismo y las propuestas poco tienen que ver con la condición verdadera del hombre.

Strauss pertenece a una generación de filósofos políticos interesados en la recuperación de la filosofía política clásica, como respuesta al desafío positivista. Por eso todas sus consideraciones resultan oportunas en la actualidad. Este libro se completa con dos críticas (una del neohegeliano A. Kojève y otra de E. Voegelin), que son ciertamente interesantes, a las tesis de Strauss.

Josemaría Carabante

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