Pulchrum. Reflexiones sobre la belleza desde la antropología cristiana

Antonio Ruiz Retegui

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Rialp. Madrid (1998). 196 págs. 1.700 ptas.

La belleza es el sello o marchamo de lo unitario, verdadero y bueno; en esas condiciones la hermosura resplandece de manera más plena. Siguiendo este rastro de la filosofía clásica, Antonio Ruiz Retegui, profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), señala la transformación operada por los pensadores de la Modernidad: la belleza ha perdido su raíz trascendental para reducirse a una teoría del arte por el arte.

Entre la corriente de pensamiento clásica y la moderna no puede obviarse la aportación bíblica. En la Sagrada Escritura la belleza está asociada a una realidad, la luz, que hace posible percibir lo bello. La hermosura del mundo creado por Dios es perceptible porque antes se ha creado la luz. En el Nuevo Testamento, Cristo es Luz y los cristianos, a través de su bondad moral, deben iluminar a los demás.

La belleza, afirma en su ensayo Ruiz Retegui, puede sufrir las manipulaciones del esteticismo (mero maquillaje o envoltorio) o del abuso de la retórica (palabrería que oculta lo esencial del discurso). Para evitar la tergiversación de lo bello es preciso incrementar la formación estética; no consiste ésta tanto en cierta sensibilidad para captar la forma de las cosas bellas, cuanto en reconocer la belleza como brillo o esplendor de la verdad y el bien. La belleza estaría, por tanto, ligada a lo perfecto, a lo cumplido según la naturaleza de cada ser; lo hermoso, más que demostrarse, se muestra.

Ruiz Retegui plantea interesantes reflexiones sobre la representación del mal en el arte, como medio de catarsis o purificación interna. También escribe sobre la captación estética del arte abstracto, que no puede quedarse en la mera visión más o menos grata sino en comprender que la abstracción responde a una interpretación espiritual plasmada en la materia. Dentro del mismo capítulo, se aborda desde una perspectiva muy personal (y quizá polémica) el arte cristiano: parece que para Ruiz Retegui el románico y el gótico reflejan mejor el espíritu evangélico que el arte de autor (sobre tema religioso, obviamente) que prolifera a partir del Renacimiento. En otro apartado se expone la relación entre arte y moda: el modo de vestir está ligado a lo convencional y a los cambios culturales, pero es medible en parámetros de belleza si el vestido y los accesorios no son simples maneras de cubrir la corporeidad, sino que manifiestan de modo atractivo la personalidad de cada uno.

En definitiva, un bello y sugerente libro para lectores con conocimientos filosóficos.

Beatriz Comella