Propiedad y libertad

TÍTULO ORIGINALProperty and Freedom

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Turner / Fondo de Cultura Económica. Madrid (2002). 405 págs. 29,75 €. Traducción: Josefina de Diego.

Richard Pipes es un profesor de Harvard especializado en historia de Rusia. De ahí que uno de los mejores capítulos de este libro sea el dedicado a la historia de la propiedad privada en Rusia, una nación que, a excepción de la experiencia de algunos principados medievales, solo ha conocido el autoritarismo en sus mil años de existencia. Esta historia rusa es contrapuesta por Pipes a la anglosajona, en la que la “revolución gloriosa” de 1688 y la guerra de independencia americana de 1776 se hicieron, en buena medida, a partir del eslogan “libertad y propiedad”. El libro es una defensa ardiente de la propiedad privada, un rechazo de que haya existido nunca en la humanidad una “edad de oro” en que sólo se conoció la propiedad colectiva. Pipes trata de demostrarlo recurriendo a la antropología, la historia, la filosofía y el derecho. Pero el autor dedica buena parte de sus esfuerzos a ajustar cuentas con quienes considera los enemigos históricos de la propiedad privada: el jacobinismo de la Revolución Francesa, el marxismo, el comunismo, el fascismo, el nacionalsocialismo y, por supuesto, el Estado del bienestar.

El Estado del bienestar, particularmente en los Estados Unidos, desde el New Deal de Roosevelt hasta Clinton, representa para Pipes uno de los mayores enemigos de la propiedad privada. En ese tipo de Estado la propiedad queda reducida a la categoría de “tenencia”. Por tanto, Pipes dirige sus críticas, con tanta o mayor intensidad que contra los colectivismos, contra los impuestos, los salarios mínimos, la congelación de alquileres, las expropiaciones por motivos ecológicos o las discriminaciones “positivas” en la contratación laboral y la educación superior.

El historiador no deja de expresar su preocupación por el triunfo de una democracia “no liberal” y teme que se haga realidad el conocido análisis de Tocqueville de que el peligro no reside en los tiranos sino en los administradores estatales, los “guardianes” del rebaño. Aunque sus modelos y ejemplos suelen ser anglosajones, Pipes se identificaría en buena medida con el liberalismo doctrinario francés de comienzos del XIX o más recientemente con Hayek. No es extraño, por tanto, que manifieste de continuo su escepticismo sobre conceptos como “interés social” o “comunidad”, pues Pipes cree que tras ellos siempre se enmascara el Estado paternalista, enemigo por definición de la propiedad privada. En consecuencia, cabe pensar que para Pipes el derecho de propiedad es absoluto y casi sin límites. En su tesis no hay lugar para una función social de la propiedad, y los impuestos, en la mayoría de los casos, no pasan de ser una confiscación sin causa.

Antonio R. Rubio