Plan of Attack

Bob Woodward

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Simon & Schuster. Nueva York (2004). 468 págs. 28 $.

Woodward ha visto su carrera periodística colmada de éxitos desde que, junto con Carl Bernstein, destapó el caso Watergate. Plan of Attack es un libro de estilo ágil y fácil lectura, donde al autor sólo le interesa desentrañar cómo se tomó la decisión de atacar a Irak. Woodward contó para ello con fuentes privilegiadas: tres horas y media de conversación con Bush y sucesivas entrevistas con “75 personajes claves” que permanecen en el anonimato, ya que Woodward no basa en citas la credibilidad de los datos y conversaciones que reconstruye, sino en su prestigio consagrado. Consciente de ello, Bush ordenó a su administración que colaborara en la redacción del libro.

Esto no significa que el equipo de Bush no ponga objeciones a Plan of Attack. El secretario de Estado Colin Powell asegura que no se opuso a la guerra -contra lo que sostiene Woodward-, si bien la imagen que de él da el libro es más bien la de alguien que trata de racionalizar los alocados planes de Paul Wolfowitz. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, replica que no favoreció tanto al embajador saudí como dice el autor. Sobre todo, Bush aparece como quería aparecer: una persona razonable, en absoluto un maniqueo, y menos un títere de sus consejeros. Él es quien tomó la decisión. Y la imagen de un presidente que apuesta con determinación por la seguridad de su país no puede sino ayudar a la reelección.

Bush tenía una “fijación” con Irak, y encargó el plan de ataque el 21 de noviembre de 2001, en cuanto quedó claro que la campaña de Afganistán estaba encarrilada. La CIA -antes y después del 11-S- tenía planes para combatir el terrorismo, pero no a Sadam, a quien nunca vinculó con los terroristas. A Bush, sin embargo, no le importaba esto, ni que Sadam no tuviera armas de destrucción masiva: tenía capacidad de tenerlas y de ayudar a los terroristas; era, simplemente, peligroso. Si eso justificaba una guerra es algo que ni Bush ni Woodward se preguntan.

Desde el punto de vista militar, Woodward trata solo de modo secundario el plan de ataque “híbrido” pergeñado por el general Tommy Franks. Lo conformaban “líneas de operación” independientes y simultáneas, de las que son responsables las fuerzas especiales, que indican los blancos a los bombarderos. La guerra fue así más rápida y con menos soldados de los previstos.

Juan Pablo II es mencionado una sola vez, como una pincelada de color. Pero tanto lo que dijo el enviado del Papa como la respuesta de Bush dan qué pensar. El primero afirmó que la de Irak “no será una guerra justa, será ilegal y no mejorará las cosas”. Bush sólo respondió a lo tercero: “claro que mejorará las cosas”.

Santiago Mata