Palestina, pasos perdidos

José Enrique Ruiz-Domenech

Destino. Barcelona (2004). 326 págs. 20 €.

Palestina (del árabe Falastin) no figura en ningún mapa moderno que no sea árabe y, en realidad, nunca existió como Estado soberano e independiente pese a su densa e intensa historia desde que Adriano designó con el nombre oficial de Siria-Palestina la rebelde provincia romana de Judea. Más aún: su drama es que el país que hoy ocupa su tierra, Israel, se resiste a admitir que algún día exista como tal, en uno de los conflictos más complejos y dolorosos de nuestro tiempo.

Precisamente para buscar todas las claves de este conflicto, el historiador medievalista granadino José Enrique Ruiz-Domenech ha escrito este ensayo cuya principal originalidad, para diferenciarlo de los miles publicados en todo el mundo, consiste en remontar la historia desde el presente hasta sus orígenes más remotos. Con esta estructura recupera períodos históricos considerados por el autor esenciales para entender algo de lo que allí ocurre.

Ruiz-Domenech ha puesto manos a la obra a sabiendas de que su intento será siempre incompleto e inconcluso. El resultado es una entretenida lectura en la que aparecen múltiples ocasiones en las cuales el conflicto actual, fruto de otros muchos conflictos anteriores, pudo haber sido resuelto… si los avatares de la historia hubiesen discurrido por otros derroteros.

Dentro de este esquema, Ruiz-Domenech empieza por desmenuzar la situación que prevalece en la actualidad y que estudia con la aportación de datos comparados de la historia contemporánea a partir de la II Guerra Mundial. El mismo esquema de la historia en sí del territorio palestino y del contexto se repite en cada uno de los capítulos, que van desde la dominación británica a partir del fin de la I Guerra Mundial a la fascinación de los orígenes tres mil años a.C., con el viaje de Abraham desde Ur de Caldea a Canaán, que será la tierra prometida.

Entre los capítulos clave encontramos las “guerras” arqueológicas de finales del siglo XIX, el esplendor del Imperio otomano, Bizancio, las Cruzadas, Saladino, la islamización y arabización del Cercano Oriente con sus guerras dinásticas y religiosas, las dominaciones romana, griega y persa, etc., con un alto decepcionante en la llegada del Mesías prometido. Aquí el autor se ocupa más de la política imperial romana y de la dinastía de los Herodes que del propio Jesucristo. Más aún, cita a los Evangelios como “textos complejos difíciles de valorar” y desliza la insinuación de que en las bodas de Caná el novio pudo ser el mismo Mesías. En este aspecto se resiente la credibilidad de un autor que modela a su antojo el origen de la era cristiana.

En todo caso, la licencia histórica y religiosa se diluye en el contexto general que pretende mostrar, en el fondo, la capacidad humana para enredar. Además de recoger algunos pasos perdidos de la historia, el ensayo de Ruiz-Domenech puede considerarse como un relato -incompleto, por supuesto- de las ocasiones perdidas para la convivencia y la paz.

Manuel Cruz

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