Ortografía de la lengua española

Edición revisada por las Academias de la Lengua Española

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Espasa. Madrid (1999). 162 págs. 1.750 ptas.

En el IV Congreso de Academias de la Lengua Española, la Real Academia Española (RAE) recibió el encargo de preparar un folleto que fundiese su ortografía tradicional con el texto definitivo de las nuevas normas. Aquellas directrices y sugerencias para contribuir a reforzar “la unidad de la lengua escrita en todos los países hispánicos, frente a las tendencias diversificadoras del lenguaje oral”, fraguaron en las cuarenta y pocas páginas que transmitían las normas vigentes desde 1959. Cuarenta años después -cuarenta años de transformaciones tecnológicas, políticas, de costumbres, de mentalidad, de crecimiento idiomático en muchos aspectos…-, las Academias -conviene insistir en el plural- han acordado este “conjunto de normas que regulan la escritura”, según su propia definición de ortografía.

El acierto de esta publicación es innegable. El libro, más claro, actualiza los ejemplos, se basa en el índice del folleto anterior, se ofrece con más nitidez y carácter didáctico y apenas presenta modificaciones. Aunque esa falta de estridentes novedades favorezca la coartada de quienes indolentemente se nieguen a “estudiar” los rudimentos de escritura de un idioma que empleamos unos 400 millones de personas.

A partir de ahora no necesitan tilde las palabras llanas como “mirose”; se puede entender y pronunciar como palabra monosílaba “guion” y, en consecuencia, escribirla sin el signo de la tilde. Algún lector cascarrabias y exhaustivo acusará a este conjunto consensuado de normas de “mimético”. Por ejemplo, se repiten omisiones como “sorber” en la lista de infinitivos acabados en -ber; se siguen eludiendo otros valores gramaticales de “más”, que puede ser pronombre y determinante; se mantiene el error de equiparar derivados y compuestos; llaman la atención contradicciones como preferir “septiembre” pero aceptar “seudónimo”, o recomendar el uso de tilde en la conjunción “o” cuando va entre guarismos. Esta obra -para consultar más que para leer- ha ganado en claridad expositiva y en contenidos. Los apéndices sobre abreviaturas, signos, símbolos, topónimos, gentilicios y la nueva redacción de los usos de signos auxiliares o las mayúsculas lo prueban elocuentemente. Por fortuna, la RAE anuncia otras publicaciones (una nueva edición del Diccionario, otro para resolver dudas…) para estos años venideros.

Joseluís González