Ortega y Gasset

Javier Zamora Bonilla

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Plaza & Janés. Barcelona (2002). 652 págs. 19,90 €.

Esta biografía es el resultado de otros trabajos preparatorios -una tesis doctoral incluida- llevados a cabo por Zamora Bonilla, profesor asociado en el Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid.

El libro, por su rigor y extensión, debiera ser a partir de ahora referencia necesaria para el conocimiento de la vida y obra del filósofo español. Como Juan Pablo Fusi puso de manifiesto en el acto de presentación en Madrid, se trata de una biografía intelectual, en la que se ensamblan pensamiento y acontecer histórico; persona y circunstancia, digamos en términos tan valorizados por el maestro.

A través de la lectura, aparece un Ortega itinerante. Ortega no fue persona sedentaria, ni en su peripecia vital ni en la intelectual. Hombre de ego extenso, fuerte emotividad, excepcional maestro de la palabra iluminadora y viva -“lo que no se dice, no existe”-. Cautivo en ocasiones de rigideces apriorísticas y en otras de tormentas interiores que lo arrojan a la desolación y la perplejidad. Cauteloso ante las conductas ajenas y obstinado en su propia vocación de pensador. Soberbio.

La biografía muestra las múltiples facetas de Ortega: su quehacer político, que con tanto entusiasmo contribuyó a instaurar la República, que acabará por decepcionarle; su labor como promotor de empresas destinadas a elevar la condición intelectual de sus contemporáneos (Revista de Occidente, la editorial Calpe, el periódico El Sol, el Instituto de Humanidades…); su compromiso con el debate ideológico de su tiempo, en el que será un punto de referencia para los intelectuales de relieve; su filosofía abierta y no sistematizada.

Las páginas de Zamora Bonilla reflejan el carácter de maestro de Ortega, que se impuso desde la cátedra a docentes (García Morente) y discentes (Zubiri o Marías), así como en ámbitos más allá del académico (Araquistain, José Antonio Primo de Rivera, Javier Conde, Dionisio Ridruejo). La biografía va descubriendo sucesivamente estas vinculaciones y su grado de intensidad.

Con personalidad tan rica en contrastes, obligada por su propio carácter y circunstancia a andar y desandar caminos, cualquier simplificación o atajo nos lleva al terraplén. Y es aquí donde el trabajo de Zamora Bonilla es mucho. Paso a paso, en una sacrificada exploración de documentos cuantiosos, va uniendo pacientemente las piezas del puzzle orteguiano. No hay motivo de alarma: el texto está escrito para despertar el interés del lector, y lo consigue plenamente.

Santiago Medina