Oriente y Occidente

Luis Racionero

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Anagrama. Barcelona (1993). 221 págs. 1.450 ptas.

Ya Heródoto (s. V a.C.), el “padre de la historia”, la concibe como el enfrentamiento entre Oriente y Occidente, enfoque que ha tenido diversas matizaciones. Occidente y Oriente han sido sinónimos, respectivamente, de libertad-tiranía (Tucídides), acción-contemplación (Malraux), extraversión-introversión (Jung), técnica-psicotecnia, progreso lineal-cíclico retorno, etc.

Casi todas estas perspectivas están recogidas por Racionero con distinto relieve, pero siente preferencia por la identificación nietzscheana de Occidente con el cristianismo, para atribuir origen judeo-cristiano a cuanto cataloga como negativo en lo occidental, por ejemplo, la naturaleza como enemiga del hombre o el dualismo cuerpo-espíritu. Así hace, pese a que la antropología cristiana se caracteriza por la dualidad, no por el dualismo específico del platonismo, del gnosticismo o incluso de algo tan oriental como el hinduismo o el jinismo.

En cuanto a la forma o los valores literarios, esta obra merece el calificativo de excelente aunque, a veces y en conjunto, causa la impresión de cierto artificio pirotécnico de luminosidad más deslumbradora que convincente. Y esto no sólo por sus no raras formulaciones antitéticas. El fondo o contenido refleja una gran cultura general. Pero, con frecuencia, “general” es sinónimo de “superficial”, de lectura rápida, sin detenimiento para la comprobación de los datos ni para su sistematización. Por ejemplo, resulta muy arriesgado y de ordinario equivocado, o al menos inadecuado, englobar como en un todo monolítico hinduismo, budismo, taoísmo, lo chino y lo indio en virtud de su contraste uniformado con lo occidental. Lo habría sido mucho más si hubiera aludido al jinismo, al islamismo, a lo coreano, birmano, etc., que también son orientales. Tal vez no le falte razón a P.-J. Ottonello cuando afirma: “Oriente es, en sustancia, una invención de Occidente”. Tampoco alude el libro a Jesucristo aunque menciona a los fundadores de otras religiones (Buda, Confucio, etc.) y a diversos dioses (Dioniso, Krisna, etc.).

Tras las dos primeras partes: “Entre Oriente y Occidente” y “El pensamiento oriental” (con cambio, unidad y yoga como sus tres conceptos básicos), la tercera (“Oriente en Occidente”) propone como meta “una cultura mundial” y “un estado espiritual aceptado por todos”. Tal objetivo estaría próximo en una especie de “nueva era” después de pasar “de hombre a superhombre o ángel, de autoconsciencia a consciencia cósmica”. Es sabido que “el superhombre” mediante el desarrollo de las fuerzas ocultas de la mente y “la consciencia cósmica” marcan a Nueva Era y a no pocas sectas actuales de signo esotérico, gnóstico y desacralizado.

Manuel Guerra Gómez

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