Moral. El arte de vivir

Juan Luis Lorda

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Palabra. Madrid (1993). 287 págs. 1.900 ptas.

El libro fue escrito a raíz de un curso de moral impartido a universitarios. Su afán está definido así en el prólogo: “a mí me gusta que los libros sean breves, intensos, ordenados y legibles; y me parece que a un libro de moral hay que pedirle que intente mostrar la sensatez y belleza del vivir cristiano; y que anime a mejorar”. Se logra la claridad: el autor sabe explicar lo que nos pasa habitualmente, acudiendo a ejemplos o comparaciones para describir el específicamente humano arte de vivir.

El libro se divide en tres partes. La primera trata los fundamentos de la moral; la segunda, los deberes del hombre con la naturaleza, con los demás hombres y con Dios. Se reserva para la última parte la culminación de ese arte de vivir, en el que la gracia divina es coprotagonista con el hombre.

Lorda escribe con el supuesto de que puede leerle una persona con poca fe. Por eso, al principio no se detiene en argumentos de revelación. Prefiere abrir los ojos, empezar por lo más sencillo, y ver que el orden de los amores es el orden de la realidad. Así, al comenzar el primer capítulo se le explica al lector lo que no es la moral, para que descubra de antemano sus prejuicios y las simplificaciones sociales de moda.

En ningún momento da la impresión de estar manejando un manual de recetas secas o de definiciones de vicios y virtudes ejemplificados a posteriori. Es casi al revés; con frecuencia, a partir de una descripción el autor hace caer en la cuenta de que nos enfrentamos a algo que los manuales han llamado siempre frivolidad, avaricia o amor…

En la segunda parte hay ideas acertadas acerca del uso de los bienes materiales, aparecen nuevos deberes para con la naturaleza que nuestros antepasados desconocían.

Pero el culmen del arte de vivir, es “el arte de vivir en Cristo”, señala Juan Luis Lorda, que no se conforma con presentar los principios que puede alcanzar la razón. Esos son necesarios, pero insuficientes. Esta idea se desarrolla a lo largo de la tercera parte del libro, donde se aclara que “la moral cristiana no es moral de mínimos, sino de máximos, no es moral de negaciones, sino de afirmaciones”.

Juan Luis Lorda completa su libro con un interesante apéndice -muy práctico- en el que enumera y explica sucintamente una posible bibliografía para iniciarse o profundizar en el estudio de la moral.

José María Garrido