Mitología jurídica de la modernidad

TÍTULO ORIGINALMitologie giuridiche della modernità

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Trotta. Madrid (2003). 93 págs. 9,50 €. Traducción: Manuel Martínez Neira.

Con un estilo elegante y una claridad de ideas fruto de toda una vida dedicada al estudio de la historia del derecho, Paolo Grossi desvela el proceso de mitificación jurídica que presidió la formación del derecho moderno. El abandono de la metafísica ligada a la teología, obligó a los pensadores ilustrados a buscar un nuevo anclaje que proporcionara estabilidad al derecho. Nació así un conjunto de certezas axiomáticas, acríticamente aceptadas por los juristas; postulados como el del estado de naturaleza, el contrato social, la expresión de la voluntad general a través de la ley, la representación política, la división de poderes… fueron absolutizados y sustraídos al devenir de la historia.

La obra, escrita a modo de ensayo, se estructura en tres capítulos. En el primero, Grossi traza los rasgos distintivos del derecho moderno, comparándolo con el orden jurídico medieval. Así, frente a la dimensión sapiencial e intrínsecamente interpretativa del derecho medieval, su relativa autonomía respecto del poder político, su orientación a la justicia, la pluralidad de sus fuentes y su función esencialmente ordenadora de la realidad social, Grossi destaca como características del derecho moderno su estatalización y subordinación al poder político, así como su reducción a la ley entendida en sentido formal y desligada de la noción de justicia.

En la segunda parte, el autor adelanta algunas propuestas que permitirían a la ciencia jurídica moderna superar las limitaciones que el proyecto ilustrado impuso al derecho. Así, siguiendo a Santi Romano, postula la comprensión del derecho como ordenamiento o, mejor dicho, como pluralidad de ordenamientos, irreductible por tanto al mero derecho oficial (estatal). Además, y señalando como punto de referencia la obra de Zaccaria, Grossi incide en la necesidad de reformular la positividad del derecho, liberándola del carácter cerrado e impermeable que le atribuyó la modernidad jurídica. En esta línea, el historiador del derecho italiano apunta a la recuperación de la dimensión hermenéutica del derecho.

En el capítulo tercero, Grossi discute la conveniencia de elaborar un código de derecho privado europeo. Parte para ello del análisis de los presupuestos que sirvieron de base a la formación del “Código” por antonomasia, el de Napoleón de 1804, que se extendió por Europa y América. En consonancia con lo adelantado en los dos primeros capítulos, Grossi no duda en definir el código como fruto de la legolatría o mística de la ley caracterizadora de la modernidad jurídica. Su formación era producto directo de la mitificación de voluntad del legislador, identificada con la voluntad general, y expresada únicamente en el momento de creación de la norma. Se olvidaba así el momento aplicativo-interpretativo; el derecho quedaba aislado de la realidad social, por naturaleza cambiante; y, en definitiva, era sustraído, de una manera artificial, al curso de la historia.

Grossi defiende la necesidad de romper con el modelo legalista inspirador del movimiento codificador. La rapidez de cambio que caracteriza la sociedad europea exige un modelo distinto de código, limitado en su contenido a aquellos puntos esenciales que permitan, y no encorseten, el desenvolvimiento normal de la vida jurídica.

Se trata de una obra lúcida y bien escrita, capaz de hacer pensar no sólo al jurista, sino a cualquier lector interesado en comprender la evolución del derecho y del orden político en los dos últimos siglos.

Rafael García Pérez