Mi Rusia fatal

TÍTULO ORIGINALLa Russie fatale

GÉNERO

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Anaya & Mario Muchnik. Madrid (1994). 401 págs. 2.300 ptas. Edición original: Calmaun-Levy. París (1992).

Iuri Afanasiev, historiador, introductor de la Escuela de los Annales en Rusia, ofrece en esta obra, junto con una confesión de su pasado y el relato de su trayectoria política, un apasionado diagnóstico de los males que aquejan a Rusia en el presente.

Afanasiev es el modelo de intelectual integrado en el Partido, con una gran ilusión inicial y paulatinamente defraudado, que acogió con enorme esperanza la glasnost y la perestroika promovidas por Gorbachov, pero pronto chocó con los sectores inmovilistas y los reformadores a medias. El enfrentamiento se consumó cuando en 1990 abandonó el Partido para asociarse al movimiento Rusia Democrática, que acabaría dejando también. Esta peculiar evolución pesa decisivamente en Afanasiev a la hora de juzgar la situación de su país y las raíces de la crisis.

La obra está escrita con apasionamiento -casi con precipitación-, que se manifiesta en la sucesión de juicios contundentes y en la ausencia de una exposición ordenada y metodológica.

El libro se abre con un prólogo para la edición española, en el que se recoge una valoración muy crítica de la labor del gobierno ruso en los últimos dos años, así como un análisis, igualmente impregnado de tintes oscuros, de los hechos que condujeron a la toma del Parlamento en octubre de 1993.

Tras un prefacio de André Glucksmann, las páginas del libro van desgranando críticas demoledoras a los poderes fácticos presentes en la sociedad rusa, mezcladas con observaciones sobre la sistemática falsificación de la historia de su país llevada a cabo por esos mismos poderes. Encontramos también el reconocimiento neto de su colaboración en la construcción del régimen soviético, acompañada de silencios no menos deshonrosos por más generalizados.

Como buen historiador, Afanasiev busca las causas remotas de todo lo que sucede hoy en el pasado ruso más lejano. Esa búsqueda le lleva a concluir que en Rusia todos los esfuerzos renovadores desde Pedro el Grande hasta la revolución de 1917 se han hecho al margen de los pocos pensadores imbuidos de mentalidad occidental. El único mérito de Gorbachov, a los ojos de Afanasiev, es haber despertado tímidamente en el pueblo la conciencia del papel que debe desempeñar.

Ese proceso ha continuado afianzándose, pero los enemigos tradicionales -el complejo militar-industrial, la oligarquía burocrática, el peso de la historia, la propia geografía- continúan oponiendo una resistencia tenaz que a veces logra sonados triunfos, como la dimisión del reformista Gaidar y la adopción de un modelo de privatización viciado de raíz.

El autor aporta un iluminador análisis de unos hechos sobre los que aún hay tanto que dilucidar.

Luis Prados