Mero cristianismo

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TÍTULO ORIGINALMere Christianity

GÉNERO

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Rialp. Madrid (1995). 233 págs. 2.400 ptas.

En Mero cristianismo el contenido no se acaba de entender bien sin el encuadre del prólogo. Y éste, a su vez, se comprende mejor si se conoce al autor. Lewis (1898-1963) fue ateo, antes que anglicano. Y sólo alguien que haya visto de cerca el escepticismo ilustrado que ha reinado -y todavía reina- en muchos ambientes de Oxford y Cambridge, donde Lewis fue profesor, comprenderá la infinidad de obstáculos mentales que ha de salvar quien busque a Dios desde ese punto de partida. Por eso Lewis puede afirmar que las diferencias entre los distintos credos cristianos son, por grandes que nos parezcan, pequeñas si se comparan con la distancia que separa al cristiano del que no lo es.

Lo que él quiere ofrecer en este volumen es “mero cristianismo”: creencias comunes a los cristianos, que son como el vestíbulo desde el cual se abren puertas a varias habitaciones, que son las distintas iglesias cristianas. Por supuesto que uno no debe quedarse en el vestíbulo -no se puede vivir ahí-, pero el paso que lleva al vestíbulo es mayor y más costoso que el que conduce de éste a una habitación.

¿Qué entiende Lewis por “mero cristianismo”? En la primera parte, trata de la ley natural y el ascenso a Dios por la razón. En la segunda, del ser de Dios, de Jesucristo y la Redención. En la tercera, de la moral cristiana. Y en la cuarta, de la Trinidad y su actuación en el hombre. Más de lo que cabía esperar.

El valor de este libro -publicado a principios de los años 40- está en su argumentación. Lewis ha tenido que recorrer el camino hacia el cristianismo por sí mismo, lo que le ha obligado a aguzar mucho el ingenio para dar explicaciones ante obstáculos que parecían insalvables, y obstáculos -esto es importante- que no han perdido actualidad; al revés, que están en más bocas que antes. Por eso, tenemos en esta obra un nuevo exponente de esa apologética británica atractiva, ingeniosa y de alto nivel intelectual, que a la vez está bastante al día. Para quienes necesiten exponer la fe de un modo u otro, formal o informalmente, es una buena ayuda este libro, del que no había una edición disponible en el mercado español.

¿Pero consigue su propósito? Para un católico, la respuesta es que “casi”. Quizá la insuficiencia más importante es esa identificación de lo natural con lo biológico, que por tanto deja lo espiritual para la esfera sobrenatural, y hace que la noción de la gracia no salga de una especie de nebulosa. Esto repercute en la moral; así, Lewis afirma que “Cristo no vino a predicarnos ninguna moral nueva” (pág. 97). Hay asimismo alguna imprecisión al tratar del matrimonio, pues no distingue bien lo “natural” de lo específicamente cristiano. Pero son pocas objeciones para un propósito tan ambicioso abordado por un no especialista.

¿Y consigue también este propósito para los no católicos? Aquí se nota que Lewis no sale del ámbito británico. Envió el original del libro a cuatro clérigos: anglicano, católico, metodista y presbiteriano, las cuatro confesiones predominantes en Gran Bretaña. Salvo en cuestiones de matiz, declararon todos estar de acuerdo. Pero es dudoso que este resultado se produjera si se da un salto al continente. Por supuesto que un ortodoxo coincidiría aquí con un católico. Pero también es posible que más de un luterano alemán, aunque sólo fuera por la insistencia en la validez de la razón humana para llegar a Dios, rechazara la mitad de las páginas.

Julio de la Vega-Hazas