Lutero: las contradicciones de una personalidad compleja

El V centenario de la Reforma protestante ha motivado la publicación de diversos ensayos que pretenden acercar al lector de hoy la figura de Lutero. Además de las novedades, a lo largo de este año se han reeditado algunos estudios clásicos sobre la vida del reformador.

Lutero vivió en un tiempo convulso, cuando la cultura medieval languidecía y se difundían las novedades del humanismo gracias a la invención de la imprenta. En ese contexto de crisis, empezaba a germinar una nueva época y Lutero, lo quisiera o no, fue un importante catalizador del cambio.

La Reforma provocó un proceso de confesionalización y diversificación que obstaculizó durante casi cuatro siglos el acercamiento entre cristianos

Al cabo de cinco siglos, lo de menos es la leyenda del joven profesor que desafía a la autoridad religiosa clavando en la víspera de Todos los Santos de 1517 un escrito controvertido en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Porque ni la conmoción ni el cisma están ahí: comienzan a fraguarse pocos años antes, con el estudio insistente de San Pablo y el eco angustioso que dejó en la excitable alma del agustino la expresión iustitia Dei.

Un creyente rebelde

En el clásico Martín Lutero: un destino, Lucien Febvre (Fondo de Cultura Económica, 9 €) apuntaba que la Reforma es el resultado de un proceso espiritual, intenso y en ocasiones desesperado; una respuesta, en fin, a la agobiante preocupación de Lutero por su salvación. Una fe sin mediaciones, pero con la certeza subjetiva de la redención, es lo que explicaría el inicio de su rebeldía, y no intereses políticos y sociales, según el historiador francés.

La polémica de las indulgencias fue solo la mecha; el incendio y el cisma vinieron después. Más simbólico que el suceso de las indulgencias fue lo ocurrido el 15 de diciembre de 1520, cuando Lutero, acompañado de sus acólitos, arroja a la hoguera la bula que solicitaba su retractación, las Sentencias de Pedro Lombardo y algunas obras escolásticas. Se desprendía así de los últimos lastres que lo vinculaban a Roma; se emancipaba de la tradición y la razón, y afrontaba el futuro no con la mirada piadosa de quien anhelaba la reforma de la Iglesia, sino con la audacia contumaz del que busca transformarla.

Muchos Luteros

Si atendemos a lo que reflejan los historiadores, podemos decir que hay muchos Luteros: el demoníaco y el santo; el autoritario y el tolerante; el místico ardiente y el polemista cáustico. En lo que sí coinciden todos los que lo han estudiado, tanto protestantes como católicos, es que tenía una personalidad compleja, una vida interior turbulenta y llena de altibajos.

“Martín Lutero”, de Ricardo García-Villoslada, es hasta ahora el análisis más completo que existe en castellano sobre la Reforma

¿Cómo ven a Lutero los historiadores de hoy? Durante este año se han editado algunas biografías clásicas, que siguen teniendo interés por su rigurosidad; las nuevas, que están al día en cuanto a bibliografía, tienen el inconveniente de primar el legado cultural y de analizar solo la contribución de Lutero al mundo moderno, pero en ocasiones no profundizan en el reto que supuso para la teología católica.

Lyndal Roper, catedrática de historia en Oxford, ha ganado varios premios con su Martín Lutero. Renegado y profeta (Taurus, 27,90 € papel/12,99 € digital), donde esboza un valioso perfil y muestra la evolución de la Reforma, situándola en el contexto social y político del siglo XVI. Revela las contradicciones del reformador, quien, aunque deploraba la autoridad pontificia, acabó fortaleciendo la de los príncipes. A pesar de su supuesta vocación contestataria, Lutero adoptó actitudes despóticas y condenó al infierno a quienes, como Zuinglio o Müntzer, disentían del “cristianismo auténtico” que predicaba.

Roper profundiza sobre las paradojas existenciales de quien, como Lutero, se había erigido al mismo tiempo en apóstol de la misericordia divina y en profeta apocalíptico, encargado de dictar el temible juicio de Dios sobre el mundo. Más discutible resulta la metodología psicohistórica que emplea, pues parece obligada a cifrar la ruptura con Roma en la preceptiva “muerte del padre” requerida por la hermenéutica psicoanalítica. Salvando el énfasis en lo sexual, el retrato que ofrece de Lutero es completo y ayuda a entender las arrebatadas relaciones con sus coetáneos, ya fueran amigos o enemigos, y el alcance político de la Reforma.

Pasión y exuberancia

Lo que más llama la atención tanto a biógrafos como a lectores es la pasión y la exuberancia de Lutero, su radicalidad espiritual y su prosaico activismo; su innata capacidad para el lirismo místico y su talento para la procacidad y el menosprecio. Sin solución de continuidad, su repertorio literario incluye sermones sublimes, elevados cantos poéticos y escritos académicos, además de vehementes exhortaciones, libelos blasfemos, e incluso obscenos, y lamentos apocalípticos.

Lo que más llama la atención de Lutero es la pasión y la exuberancia, su radicalidad espiritual y su prosaico activismo, su lirismo místico y su talento para la procacidad y el menosprecio

Es precisamente la dualidad entre contemplación y acción, entre la intensa vida de piedad y su vocación de publicista, la veta que explora Thomas Kaufmann, historiador del protestantismo, en Martín Lutero. Vida, mundo y palabra (Trotta, 16 €). Junto al estudio de esos extremos, el ensayo analiza la repercusión de la traducción de la Biblia al alemán y la eclesialidad luterana, entre otras cuestiones. La conclusión de Kaufmann, que trata de suavizar el ardor de Lutero, es que con su noción de fe fiducial, el agustino aclaró en qué consistía la esencia del cristianismo: solus Christus y fidelidad al Evangelio.

Pero ¿acaso predicaba otra cosa la Iglesia? Según Ricardo García-Villoslada, tanto Lutero como los fieles de la época confundían la auténtica doctrina católica con las costumbres y supersticiones populares. Hay que agradecer que se haya reeditado de este autor Martín Lutero (BAC, dos volúmenes, 29,50 € cada uno), que, aunque escrito en 1973, es hasta ahora el análisis más completo que existe en castellano sobre la Reforma.

La obra de García-Villoslada tiene la ventaja de exponer las afirmaciones de Lutero a la luz del dogma católico. De su lectura se deduce que la heterodoxia protestante fue menos novedosa de lo que se suponía y que, pese a sus miserias y desvíos profanos, la Iglesia había garantizado durante siglos la transmisión de las enseñanzas evangélicas.

El error de Lutero consistió en no recurrir al rico caudal de la tradición católica para hallar respuestas a sus desvelos de conciencia y orientar sus inquietudes teológicas. Partiendo de un detallado examen de las obras de Lutero y de la bibliografía especializada, tanto protestante como católica, García-Villoslada es ecuánime en sus juicios y exhaustivo en la presentación de la teología reformada.

Más allá de las indulgencias

García-Villoslada afirma que hay aspectos del protestantismo –las indulgencias, por ejemplo, o el problema de la intercesión y la devoción a los santos– que no son nucleares y que, en cualquier caso, responden a una mala comprensión de la enseñanza católica. Tampoco es problemática la insistencia luterana en las paradojas paulinas de la theologia crucis.

Todos los que han estudiado a Lutero, tanto protestantes como católicos, coinciden en que tenía una personalidad compleja, una vida interior turbulenta y llena de altibajos

Lo que inquietaba a los teólogos y a la jerarquía eran aquellos pronunciamientos que dinamitaban puntos fundamentales del mensaje cristiano: la concepción subjetivista de la fe, el individualismo, la espiritualización de la comunidad eclesial, que concluye abandonando la administración de lo sobrenatural en manos del poder político; el equívoco acerca del pecado original y su secuela, la desacralización del orden natural, o la angosta naturaleza del sacramento, que de algún modo socavaba la potencia santificante y transformadora de la gracia.

El carácter subversivo del reformador y el atractivo que despertó en los fieles quedan patentes en la mayoría de sus obras; Teófanes Egido, que ya tradujo gran parte de ellas (Obras de Lutero, Sígueme, 2016, 30 €) ofrece ahora en Martín Lutero. Una mirada desde la historia, un paso por sus escritos (Sígueme, 17 €) una breve selección de los principales textos de Lutero, tanto espirituales como pedagógicos, y explica algunos de los hechos históricos que protagonizó, desde el encuentro con Carlos V en Worms, hasta su oposición a la revuelta de los campesinos. Egido nos descubre también al Lutero más íntimo: al padre de familia, al esposo y al desenfadado e irreverente compañero de sobremesa.

Lecturas ecuménicas

Además de las biografías, otros ensayos analizan la Reforma desde el punto de vista ecuménico y reflexionan sobre lo que une y separa a católicos y protestantes.

Lutero no solo no promovió la tolerancia ni apostó por la reconciliación, sino que acusó a Melanchthonde conceder demasiado en la Dieta de Augsburgo de 1530. Desde este punto de vista, parece acertada la aproximación del cardenal Walter Kasper en Lutero. Una perspectiva ecuménica (Sal Terrae, 9 €), puesto que precisa que, a pesar de lo difundido por la historiografía prusiana, Lutero no defendió la libertad en sentido moderno: para él, el ser humano no es autónomo, sino teónomo, y la conciencia individual debe estar supeditada a la Palabra de Dios. De ahí que haya que matizar, pace Weber, su influencia en la configuración del primer capitalismo y del mundo moderno.

La Reforma provocó, según Kasper, un proceso de confesionalización y diversificación que obstaculizó durante casi cuatro siglos el acercamiento entre cristianos. El cardenal no idealiza a Lutero y culpa del cisma también a la poca sensibilidad mostrada por la Iglesia católica. Reconoce que hay diferencias muy importantes que dificultan el encuentro, pero anima a ahondar con motivo del V Centenario en el “Evangelio de la gracia y la misericordia”, que Lutero predicó y que constituye una de los principios programáticos del pontificado de Francisco. Y conmina a protestantes y católicos a hacer frente a la agresión del “ecumenismo” secularista.

Comprender los puntos de encuentro entre catolicismo y luteranismo fue lo que dio sentido a la existencia de Louis Bouyer, pastor protestante que, tras solicitar su ingreso en la Iglesia católica, recibió la ordenación sacerdotal en 1944. Bouyer fue un importante teólogo, cofundador, junto a Joseph Ratzinger y Hans Ur von Balthasar, de la Revista Communio, y uno de los iniciadores, por encargo de Pablo VI, de la Comisión Teológica Internacional.

En Del protestantismo a la Iglesia (Encuentro, 25 €), un ensayo de teología que nace de sus propias vivencias espirituales, el teólogo francés explica las semejanzas de la vida de fe y piedad entre todos los fieles cristianos: los creyentes se encuentran lejos de las hostilidades académicas. Bouyer destaca los rasgos positivos y auténticamente católicos del protestantismo y sostiene que fue la evolución posterior de la teología reformada –tanto de la liberal como de la dialéctica– la que acentuó el enfrentamiento con Roma y oscureció los rasgos originales y provechosos del movimiento, como la salvación gratuita, la autoridad de las Escrituras o la soberanía de Dios.

La condena inexorable de lo humano impide la salvación del hombre exterior, según Lutero, pero también que se suscite el perdón: Dios justifica, imputa los méritos, pero de forma extrínseca, de modo que la gracia no transforma al pecador, sino que solo encubre sus miserias. Frente a la evolución del pensamiento reformado, dice Bouyer, es la Iglesia católica la que “posee y no puede perder la plenitud de la verdad evangélica”. J.C.

 

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