Los monstruos de la Razón

TÍTULO ORIGINALI mostri della Ragione

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Rialp. Madrid (1995). 258 págs. 2.200 ptas. Edición original: Ares. Milán (1993).

Este libro es una confirmación, con ejemplos a veces horrendos, de la célebre frase de un grabado de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”. Rino Cammilleri hace un viaje por los delirios de utopistas y revolucionarios que no aceptaron al ser humano tal como era y quisieron obligarle a transformarse en un “hombre nuevo”.

Ese voluntarismo tuvo consecuencias particularmente trágicas en los dos últimos siglos. Pero el autor va más allá en su introspección histórica. Recuerda, acertadamente, que en el Renacimiento se produjo una vuelta al paganismo marcada por la exaltación de la fuerza masculina, la aparición de un Estado centralizado o las obsesiones por la magia y el esoterismo. Así pues, cuanto más se aleja el hombre del cristianismo, más parece volver a las oscuras edades paganas. Y entre esos mitos del paganismo, hay un elemento que aparece en casi todas las obras utópicas. Se trata de Esparta, a la que se refirieron con tonos entusiastas Robespierre y Hitler, por citar tan sólo dos ejemplos. Esparta no es otra cosa que la encarnación de la virtud -que aquí sólo equivale a la fuerza masculina-, considerada como un coto reservado para los que se creen elegidos.

El autor llama la atención, asimismo, sobre cómo la mayoría de las utopías han tratado de apropiarse de la figura de Cristo, atribuyéndose incluso la interpretación auténtica de su doctrina. Mas enseguida sobresale el contraste entre el mensaje de Jesús, abierto a todos los hombres, y los utopistas “liberadores”, cuyas ideas son sólo para los iniciados de su círculo.

Los monstruos de la Razón arranca en más de una ocasión del lector una sonrisa, pero otras veces da la impresión de ser un recorrido por la galería de los horrores. Pues los utopistas no vacilaban en eliminar a quienes se oponían a la organización de la sociedad diseñada por mentes que quizás habían pasado más tiempo en las bibliotecas que en la compañía de los seres humanos.

Antonio R. Rubio

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