Lo que Europa debe al cristianismo

Dalmacio Negro Pavón

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Unión Editorial. Madrid (2004). 337 págs.

Hoy se habla mucho de valores europeos y de raíces cristianas de Europa, pero las principales reflexiones al respecto proceden de autores de filiación cristiana. No debe extrañarnos, pues el actual proyecto europeo da la impresión de estar inventándose a sí mismo y parece alejarse de las referencias de sus padres fundadores. De ahí que el profesor Negro insista en esta obra en que Europa se está construyendo no sólo al margen de Roma, sino también de Atenas y de Jerusalén.

Resalta el autor que valores de clara raigambre cristiana como la libertad, la igualdad, los derechos humanos o la democracia están siendo monopolizados por un estatismo, que presume de neutral aunque practica un laicismo radical. Cuando este estatismo es secundado, consciente o inconscientemente, por amplios sectores de las sociedades europeas, se comprende que hoy en día no se hable de civilización europea, pues las referencias histórico-culturales son ajenas a la mentalidad posmoderna que sacude a esas sociedades.

Más que un libro sobre las raíces cristianas de Europa, estamos ante un documentado “informe sobre el proceso de descivilización europea”, una crónica de la influencia de las ideas que han llevado a la situación actual. Pero a diferencia de otros ensayistas, el profesor Negro no achaca toda la responsabilidad a los ilustrados. Habría sido más decisiva la época del Romanticismo, responsable de las tormentas revolucionarias y de los nacionalismos del siglo XIX. Esta tesis, que no todos compartirían, ve en la profunda carga irracionalista del romanticismo un precedente de las actitudes posmodernas.

Más discutible es, sin embargo, la relación que establece entre crisis del cristianismo y crisis europea, y que podría dar un tono pesimista a la obra, aunque se trate de un pesimismo bien informado. Y si bien es cierto que Europa ha sido configurada por el cristianismo, el alcance universal de éste hace que su destino no esté ligado sólo al Viejo Continente.

Antonio R. Rubio